El Papa Francisco critica cultura utilitarista de la ‘eterna juventud’

Ciudad del Vaticano.- El Papa Francisco criticó la «cultura negativa», según la cual tanto en los países ricos como en los pobres, los seres humanos son aceptados o rechazados bajo criterios utilitaristas, en particular, de utilidad social o económica.

«Esta mentalidad es pariente de la ‘medicina de los deseos’: una costumbre cada vez más común en los países ricos, que se caracteriza por la búsqueda de la perfección física a cualquier precio, la ilusión de la eterna juventud», señaló el Pontífice.

En un discurso a los participantes en la Conferencia Internacional «La cultura de la salus y de la acogida al servicio del hombre y del planeta», organizada por el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, denunció que esa es una costumbre que lleva a descartar o marginar a los que no son «eficientes».

Esas personas, señaló, son aquellas vistas como una carga, una molestia, o son «feas».

El Papa recordó que esa conferencia, en curso en el Vaticano, coincide con los 30 años de ese dicasterio y con el vigésimo aniversario de la publicación de la carta encíclica Evangelium vitae de San Juan Pablo II.

En ese documento, dijo, encontramos «los elementos constitutivos de la ‘cultura de la salus’: la hospitalidad, la compasión, la comprensión y el perdón».

Esas, señaló, son las actitudes habituales de Jesús hacia la multitud de personas necesitadas que se le acercaban cada día: enfermos de todo tipo, pecadores públicos, poseídos, marginados, pobres, extranjeros.

El Papa subrayó que estas actitudes son las que la encíclica llama «exigencias positivas» del «mandamiento de la inviolabilidad de la vida, que con Jesús se revelan en toda su amplitud y profundidad, y que todavía pueden, todavía más, deben caracterizar la pastoral de salud».

«Van desde el cuidar de la vida del hermano (familiar, perteneciente al mismo pueblo, forastero que vive en la tierra de Israel) a ocuparse del que es ajeno, hasta amar al enemigo», añadió.

«Esta cercanía al otro, hasta hacer que se sienta como alguien que me pertenece, supera todas las barreras de nacionalidad, origen social, religión (…), como nos enseña el ‘buen samaritano’ en la parábola evangélica».

Supera también «esa cultura negativa según la cual tanto en los países ricos como en los pobres, los seres humanos son aceptados o rechazados según criterios utilitaristas, en particular, de utilidad social o económica», expresó.

Fuente: El Informador

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