Este 3 de julio murió José Luis Cuevas. Fue considerado uno de los mejores dibujantes del siglo XX, según el New York Times. Pero lo repudió la Escuela de Pintura Mexicana, que lo consideraban un joven insolente e irrespetuoso.
Los neutrales lo llamaron el enfant terrible de la plástica mexicana. ¿Sabes por qué?
Porque en 1951, a sus 19 años, publicó el artículo “La cortina de nopal”, que perturbó a los muralistas (Diego Rivera, José Clemente Orozco pero sobre todo David Alfaro Siqueiros), que en esa época eran los consagrados del arte mexicano. En este texto, Cuevas satirizó las formas en que instituciones, críticos y los mismos artistas apoyaban un arte anquilosado, cerrado en sí mismo, que menospreciaba otras expresiones que no coincidieran con los dogmas.
Lo que más tirria causó, es que para entonces este chamaco imberbe ya era un éxito en Estados Unidos, donde lo veían como una especie de beatnik, o en Colombia, donde empezaron a llamarle cuevismo a la actitud provocadora de los artistas jóvenes
Quince años después, en plena euforia hippie, Cuevas regresó a las andadas. Resulta que Siqueiros había dicho que deseaba crear una obra que resistiera el paso del tiempo. A Cuevas se le ocurrió lo contrario: un mural efímero, que durara apenas mes y medio y después se destruyera. Lo hizo en Génova y Londres, en la Zona Rosa.
Por cierto, fue José Luis Cuevas quien bautizó como la Zona Rosa al barrio de la Ciudad de México adyacente a la colonia Juárez, donde se reunían los artistas y socialités mexicanos. Lo bautizó en honor a Rosa Carmina, la actriz cubana que protagonizó muchas películas de Juan Orol.
José Luis Cuevas provocó el arte del primer siglo mexicano para generar otro nuevo: el de la Generación de la Ruptura, en el que también destacaron artistas hoy consagrados, como Vicente Rojo, Alberto Gironella, Juan Soriano o Manuel Felguérez.








