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Los actores que están lejos de la fama y cerca de la soledad


Ciudad de México.- Hace 73 años nació La Casa del Actor IAP Mario Moreno Cantinflas, creada por El Gran mimo de México con la consigna de brindar apoyo al gremio artístico nacional que lo necesitara o solicitara.

Por sus instalaciones ha pasado un centenar de artistas que en sus épocas mozas brindaron risas, lágrimas y entretenimiento a los mexicanos.

Actualmente, el lugar lucha por sobrevivir, dar sustento a los actores veteranos y mantenerse, pese a las vicisitudes y problemas.

La Casa se niega quedar en el olvido, como le sucedió a algunas de las luminarias que hoy pasan sus últimos días en este inmueble ubicado al sur de la Ciudad de México. Por eso, Maty Huitrón, presidenta vitalicia del sitio, tiene claro que si desea continuar con su labor y que la institución subsista, el lugar tiene que ser autosustentable y cada vez depender menos de donaciones o sindicatos.

A lo largo de su mandato de casi tres décadas, conseguir los fondos necesarios para abrigar a más colegas y luchar por darles cobijo y sustento ha sido su consigna, algo que, señaló, no es sencillo.

“Cuando recién tomé el cargo, la casa era una porquería, se estaba cayendo a pedazos, la habían manejado de mala manera, Mario (Moreno) confió en una persona que lo traicionó y manejó mal el lugar. No había espació suficiente para los compañeros, sólo había dos baños para todo el terreno, teníamos lista de espera para recibir a más personas y es un sentimiento muy triste tener que esperar a que alguien se muriera para poder recibir a uno más”, explicó la actriz a EL UNIVERSAL.

Actualmente y bajo su mandato Huitrón consiguió ampliar el lugar de casi 5 mil metros cuadrados.

Ahora la casa pasó de tener 35 habitaciones a 75, cada una con servicios como baño propio, smart TV, comunicación directa con los servicios de emergencia.

Además, los residentes cuentan con servicio de enfermeras y cuidadoras las 24 horas —si así lo requieren—, alimento tres veces al día, vestimenta, sala de Internet y otra de terapia física.

Mantener el inmueble, que desde su creación en 1944 es una Institución de Asistencia Privada (AIP), no es barato. Tan sólo para alimentar a los 35 inquilinos con los que actualmente se cuenta se gastan al mes entre 350 y 400 mil pesos, y este dinero proviene en gran parte de la Asociación Nacional de Actores (ANDA).

Este edificio desde hace tres décadas tiene abiertas sus puertas a toda la comunidad artística nacional, sean o no agremiados de algún sindicato, por eso Maty y el consejo tienen que salir a pedir donativos con los cuales mantener el lugar.

“Busco que me den donativos para sufragar los gastos de los artistas que no están inscritos en la ANDA, que es sobre 5%. A mí en la ANDA me dan el dinero de la gente que está inscrita, que ha cotizado, pero yo siempre tengo un 5% en donde entran actores, escritores, directores, productores y periodistas, pues considero que todos somos del mismo gremio, la gente que está aquí no paga ni nada, corremos con sus gastos, entre la ANDA y donaciones”, explicó.

Maty explicó que de momento la casa no se ampliará, pues lo que en realidad necesitan en este momento no son más habitaciones. “Lo que requerimos es el dinero para poder seguir manteniéndola”.

Para ello, desde hace seis meses compraron un predio en la misma calle en que se ubica la Casa del Actor, el cual espera que tras pasar los trámites burocráticos pueda convertirlo en estacionamiento y el dinero que se recabe vaya a una cuenta para la manutención de la institución.

“Con 5 millones de pesos de donativos compramos en diciembre el edificio de al lado, estamos luchando para que nos den la autorización para construir un estacionamiento porque entre que la ANDA está bien y mal y que hay problemas, no nos podemos atener a lo que nos dan. Lo que esperamos hacer es que la casa se mantenga por sí misma”, dijo.

Además de este futuro estacionamiento, el patronato cuenta con un edifició en la calle de Londres, en la colonia Juarez, mismo que se renta y el dinero obtenido también es para el mantenimiento de la Casa.

“Al morir, Caridad Bravo Adams dejó 50% de la herencia de sus libros y novelas a nosotros y el otro 50% a Sogem (Sociedad General de Escritores de México), entonces se vendieron los derechos a Televisa y de ese dinero que nos dieron a nosotros (25 millones de pesos) compramos el edificio de la Juárez. Costó 15 millones y medio y de ahí se hizo una cuenta para que todas las rentas que se cobran de esas oficinas se depositen ahí. Las escuelas que ocupan nuestro teatro nos dan un donativo de 3 mil pesos, ya que no podemos rentarlos al ser una AIP”, añadió.

ElUniversal

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