María Félix, el rostro más bello de la época de oro del cine mexicano

María de los Ángeles Félix Güereña (19141​ – 2002), más conocida como María Félix. Actriz mexicana considerada una de las figuras femeninas más importantes de la llamada Época de Oro del cine mexicano. Se le considera una de las actrices más bellas de su tiempo y un mito erótico del cine de habla hispana.

Compartió elenco con varios de los grandes galanes del cine latinoamericano de la época, y también protagonizó producciones internacionales, de directores como Jean Renoir y Luis Buñuel, al lado de entrellas como Rossano Brazzi, Vittorio Gassman, Jean Gabin, Yves Montand, Gérard Philipe y Jack Palance. Junto a Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz y Dolores del Río, representa a las máximas figuras del cine latinoamericano de las décadas de 1940 y 1950.

Es conocida por el sobrenombre de «la Doña», nombre que ganó a partir de su personaje en el filme Doña Bárbara (1943).​ También es conocida como María Bonita, gracias a la canción María bonita compuesta exclusivamente para ella, como regalo de bodas, por el compositor Agustín Lara.

Completó una trayectoria cinematográfica que comprendió 47 películas, realizadas entre México, España, Francia, Italia y Argentina.Todas con artistas de gran fama como Pedro Armendáriz, Rossano Brazzi, George Marchall, Yves Montand, Gerard Philipe, Vittorio Gassman, Curt Jurgens, Fernando Rey, Jack Palace, Fernando Fernán Gómez, Jorge Mistral,Arturo de Córdova, Jorge Negrete, Carlos Thompson, Ignacio López Tarso, Emilio Fernández y muchísimos más.

Nacida en el rancho El Quiriego, cerca de Álamos, de niña se trasladó a Guadalajara, donde ganó un concurso de belleza. Antes de mudarse a Guadalajara la familia pasaba la vida entre Alamos y el Quiriego un rancho donde vivían los abuelos, allí María prefería jugar con sus hermanos subiendo a los árboles y montando a caballo y otras cosas que solo hacían los muchachos de la familia, se apartaba de los juegos de niña que con sus muñecas y comiditas practicaban sus hermanas.

Le gustaba andar con su hermano Pablo desarrollándose una gran admiración por parte de María hacia su hermano, lo que fueron juegos inocentes en la niñez empezaron a parecerle peligrosos a la madre que observaba la veneración de que Pablo era objeto por parte de María, y habló con su esposo acerca de enviar a Pablo al colegio militar sin entrar en más detalles pues conocía el carácter fuerte de Don Bernardo.

Esa sería la primera gran pena para María pues además de la separación se sintió que quedaba sola en medio de aquellas hermanas que no la entendían, contaba siempre con el apoyo de sus madre pero eso no era bastante para una niña que empezaba la adolescencia.

Un día recibiéron la noticia de que su hermano Pablo había muerto en el colegio militar las circunstancias nunca fueron del todo aclaradas, María pasó de la pena a un dolor nunca antes sentido.

Se fue convirtiendo en una belleza que desde los 13 años hacía volver la cabeza a sus compañeros de colegio y a hombres de mediana y avanzada edad. Un día los estudiantes le pidieron que fuera reina de la universidad, para María adolescente ser reconocida como belleza, ser coronada como reina y desfilar en una carroza por la ciudad fué un sueño que se hizo realidad y que continuaría para siempre gracias a la inteligencia, disciplina y férrea voluntad de María.

Al poco tiempo y para evitar seguir bajo la disciplina de Don Bernardo se casó con Enrique Alvarez, la juventud y la inexperiencia de ambos terminó en divorcio, de esta unión María tuvo su único hijo, Enrique Alvarez Félix, quien también se dedicó a la actuación y falleció en mayo de 1996.

Después le siguieron el cantautor Agustín Lara, quien le compuso la canción María Bonita, que ha dado la vuelta al mundo; así como el cantante y actor Jorge Negrete y el industrial francés Alex Berger, con quien vivió 18 años en París, Francia, hasta la muerte de él, el 31 de diciembre de 1974. Posteriormente sostuvo una relación con el pintor ruso-francés Antoine Tzapoff, quien fue su último compañero sentimental.

En su trayectoria artística recibió numerosos premios, tanto en México como en otras naciones, toda vez que trabajó dentro del Séptimo Arte también en países como Italia, Francia, Argentina, Marruecos y España.

María Félix fue descubierta por el director Miguel Zacarías, quien intentó y logró potenciar aquella «apasionada frialdad» que caracterizaba sus actuaciones. Con Miguel Zacarías debutó en el cine en 1942, interpretando la película El peñón de las ánimas, que inició la lista de los filmes en los que compartía reparto con el que iba a ser más tarde su tercer marido, Jorge Negrete. Trabajó por toda Latinoamérica y también en Europa, sobre todo en España, Francia e Italia, donde alcanzó gran popularidad.

El realizador Fernando Palacios le hizo estudiar arte dramático. Con este director consiguió su primer éxito importante en La mujer sin alma (1943), filme en el que tomó cuerpo su arquetipo de mujer bella y altiva. En el mismo año 1943 se le adjudicó el papel estelar de la cinta Doña Bárbara, basada en una adaptación de la obra homónima de Rómulo Gallegos y dirigida por Fernando de Fuentes. En esta película interpreta a una mujer soberbia, dominante, cruel, la clásica «devoradora de hombres», que habría de convertirse en su caracterización predominante a lo largo de toda su carrera cinematográfica.

La Doña, como solía llamársela, se convirtió pronto en un mito viviente del cine mexicano. La Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas le otorgó el Premio Ariel a la mejor actriz en tres ocasiones: en 1947, por Enamorada; en 1949, por Río Escondido (ambas películas, al igual que Belleza maldita, dirigidas magistralmente por Emilio Fernández el Indio), y en 1951, por Doña Diabla.

Una de las películas de las que María dijo sentirse más orgullosa fue French can can (1954), dirigida por Jean Renoir, y filmada en Francia, porque se dio a conocer más ampliamente en los países europeos, donde fue conocida como «La Mexicana».

Su última película fue La Generala (1970) y luego se retiró de la pantalla grande, aunque se mantuvo como una figura pública. En ese mismo año participó en la telenovela La Constitución.

Aunque fue dirigida por grandes cineastas, como el español Luis Buñuel, y fue muy amiga del productor estadounidense Cecil B. DeMille, nunca aceptó filmar en Hollywood, porque según ella siempre le ofrecieron papeles de cheyena (india).

María Félix fue amiga de personalidades como Octavio Paz y Gabriel García Márquez, Jean-Paul Sartre, Jean Cau, Leonor Fin, Plácido Domingo, Jean-Paul Belmondo, Luis Miguel Dominguín, Manuel Rodríguez Manolete, Jean Gabin, Jean Renoir, Gerard Philipe, Salvador Dalí y Alain Delón.

Pintores como Diego Rivera, José Clemente Orozco, Leonora Carrington, Tzapoff, Silvia Pardo y Leonor Fin, entre otros, la inmortalizaron en sus lienzos. También fue fuente de inspiración de escritores como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Luis Spota, Carlos Monsiváis, Salvador Novo y Elena Poniatowska. En Francia, Henry Burdin escribió en 1982 el libro La Mexicaine; y en España, Luis Gasca (1994) le dedicó varias páginas en su volumen Chicas malas mujeres perversas.

En 1981, la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas le otorgó un Ariel especial como reconocimiento a su dilatada y fecunda trayectoria cinematográfica, así como por su aportación al panorama interpretativo mexicano y en 1986 recibió una Diosa de Plata por su trayectoria cinematográfica, y en 1992 un homenaje de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), por 50 años de carrera artística.

Otros reconocimientos de destacar esta el nombramiento de la Cámara Nacional de la Moda Italiana y la Federación Francesa de la Costura como una de las mujeres mejor vestidas del mundo, en tanto que La Casa Hermes, de París, le dedicó una doble página en un libro que publicó en 1995. Y en 1996 fue homenajeada en el XVIII Festival Internacional de Filmes Dirigidos por Mujeres en Francia, con la exhibición de sus películas. Ese mismo año fue nombrada Comendadora de la Orden Nacional de las Artes y las Letras de Francia.

«La Doña» siempre sintió pasión por las joyas, como el collar de rubíes que le dio Agustín Lara o el de esmeraldas que le regaló Jorge Negrete, quien murió antes de pagarlo, así como su colección enorme de serpientes victorianas incrustadas de turquesas y de diamantes.

María Félix falleció en su residencia de la capital mexicana el 8 de abril de 2002, el día en que cumplió 88 años.Tras su muerte, miles de personas le rindieron homenaje en el Palacio de Bellas Artes, y sus restos fueron inhumados en el panteón Francés. Sin embargo, meses después, a petición de uno de sus hermanos, el cuerpo fue exhumado, pues afirmó que «La Doña» había muerto en circunstancias poco claras. Empero, tras los exámenes pertinentes, se reiteró que murió de un paro cardiaco.

De «La Doña», el poeta y escritor Octavio Paz dijo en una ocasión: «María Félix nació dos veces; sus padres la engendraron y después ella se inventó a sí misma; nació como un relámpago que desgarra las sombras».

«La Doña» siempre sintió pasión por las joyas, como el collar de rubíes que le dio Agustín Lara o el de esmeraldas que le regaló Jorge Negrete, quien murió antes de pagarlo, así como su colección enorme de serpientes victorianas incrustadas de turquesas y de diamantes.

A una reportera que le preguntó su edad, María respondió: » Mire señorita yo he estado muy ocupada viviendo mi vida y no he tenido tiempo de contarla «.

Con información de Biografías y Vidas

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