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Matrimonio, a pique ¿Por qué los mexicanos no se quieren casar?

México, DF.- Los jóvenes en México de 20 a 29 años ya no se están casando. Así lo revela un análisis elaborado por El Universal con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que en 12 años, de 2000 a 2012, el porcentaje de matrimonios disminuyó 23 por ciento.

Las causas van desde una mayor educación entre los jóvenes hasta una crisis de independencia financiera, pasando por un cambio cultural, específicamente en la idea de que las mujeres debían casarse, de acuerdo con expertos consultados.

Cuando Ricardo Fernández cumplió 28 años, lo festejó con la compra de su primer automóvil. Este hombre defeño de tez morena, delgado y peinado perfecto, es subgerente en un banco mexicano; hace más de dos años que no tiene pareja y actualmente busca estudiar una maestría y vivir solo.

El matrimonio está lejos de sus planes. Sus amigos, todos solteros y con trabajos estables, bromean con el tema y se autonombran los #foreveralone (para siempre solos).

Este panorama parece extenderse al resto de México. En 2000 se firmaron más de 700 mil actas de matrimonio en México, mientras que en 2012 apenas se superaron los 500 mil registros.

Marta Mier y Terán, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirma que a pesar de que la población en edad casadera (15-50 años) ha ido en aumento, la mala economía y la creciente escolaridad y participación de la mujer en el ámbito laboral han hecho que los mexicanos, de ciertos sectores de la sociedad, posterguen el matrimonio.

Además, desde hace más de 10 años se dio un aumento claro de parejas que decidieron vivir en unión libre, al menos en una primera etapa, asegura la investigadora. Este modelo de convivencia fue otro de los factores que llevó abajo las estadísticas de las diferentes oficinas del Registro Civil en el país.

La zona centro de México es el reflejo de este fenómeno. MorelosHidalgoPuebla y el Distrito Federal registraron las tasas más bajas de nupcialidad de 2000 a 2012. Durante esos años se realizaron apenas 7 mil matrimonios por cada 100 mil habitantes mayores de 12 años, según cifras del INEGI.

Las parejas hidalguenses fueron las que más abandonaron las oficinas del Registro Civil. El último dato del INEGI -2012- muestra que las bodas bajaron 30% en comparación con el año 2000. Pero en estados como Chiapas, el número de enamorados que llegaron ante un juez se incrementó 11%.

En las zonas urbanas del país la fuerte inestabilidad económica es uno de los principales factores que frena el matrimonio. Raymundo Campos, doctor en Economía por la Universidad de California, Berkeley, afirma que los sueldos en todo México van a la baja, y un joven recién egresado gana en promedio 8 mil pesos en su primer empleo, cantidad por lo general insuficiente para costear una vida en pareja.

“Lamentablemente el panorama no es alentador. Cada vez hay más jóvenes con educación superior pero no existe suficiente demanda para contratarlos a todos, ni ofrecerles un mejor ingreso”, asegura el doctor en Economía.

Esta situación afecta a los jóvenes de todo el país. Ricardo sonríe y bromea acerca de sus razones para no casarse, pero al hablar de dinero su rostro toma una mueca diferente y con pesadez admite su realidad económica, “lo que gano no me alcanza para pagar una renta y cubrir todos los gastos”, dice el egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Tan sólo el gasto en vivienda representa 23% de los ingresos de una persona. Este concepto incluye renta, electricidad, teléfono fijo, gas y servicio doméstico, de acuerdo con el estudio Costo de Vida Nacional 2012-2013, de la consultora internacional Mercer.

A pesar de que cada vez más mujeres forman parte del sector laboral del país, los roles de género que se establecieron desde hace más de 50 años siguen determinando lo que cada uno tiene que cumplir. La mujer no puede permanecer soltera y el hombre debe ser “el proveedor de la casa y empezar a trabajar desde edad temprana”, apunta la investigadora Mier y Terán.

Con cinco años de experiencia y jornadas laborales de hasta 12 horas, este joven titulado como licenciado en Relaciones Comerciales no ha conseguido que su sueldo supere los 15 mil pesos al mes, cantidad que apenas le alcanza para cubrir la mensualidad de su automóvil, el gasto diario en comida, gasolina y el pago de varios servicios en casa de sus padres.

Realidades diferentes

Nancy Castañón cuenta con anhelo cómo soñaba que fuera su boda. “Siempre tuve la ilusión de salir de blanco de mi casa y que todo mundo viera que no estaba cometiendo un error”, pero no fue así. A los 19 años pensó que había conocido al amor de su vida y decidió casarse.

Castañón, originaria del estado de Aguascalientes, sólo estudió hasta la secundaria. Los golpes que recibía de su madre la llevaron a refugiarse en el novio que todos los días la esperaba en la puerta de su casa.

En diversos sectores rurales de México, en donde la población no cuenta con las suficientes oportunidades educativas y laborales, el matrimonio sigue estando muy vigente y en ocasiones se visualiza como el único proyecto de vida alcanzable para los jóvenes. En 2010, una de cada 10 mujeres entre 15 y 19 años que residía en Aguascalientes ya vivía con su pareja, de acuerdo con los reportes del último Censo del Inegi.

En México, de 2000 a 2012 se casaron cerca de 3 millones de personas en ese rango de edad.
Lugares como Guerrero y Michoacán reportaron las cifras más altas, cinco de cada 10 jóvenes decidieron contraer nupcias a temprana edad. Con escasos recursos y sin educación, muchas de estas parejas se enfrentan a un panorama complicado, incluso “en zonas rurales es muy común que los recién casados permanezcan en el hogar de la familia del novio”, afirma Mier y Terán.

Cuando Nancy se salió de su casa pensó que tendría una vida mejor, pero Samuel, su ahora ex esposo, también había abandonado la escuela y no lograba mantenerse más de un mes en el mismo trabajo.

Hasta el año 2002, cerca de 20 mil jóvenes de 15 a 19 años asistían cada mes al Registro Civil para contraer matrimonio. En 2012, esta cifra logró bajar 45% a nivel nacional. El aumento en los niveles educativos en diferentes áreas del país ha sido uno de los elementos más importantes para que este número disminuyera en México.

Castañón está segura que si hubiera seguido estudiando, no se habría casado. Después de que sus padres la sacaron de la escuela su única responsabilidad fue ser la nana de sus hermanos pequeños, y cuando le propusieron matrimonio jamás pensó en quién de los dos trabajaría o en dónde vivirían, sólo sabía que era la “escapatoria ideal para la vida que llevaba”, afirma.

Divorcio, al alza

Los abuelos decían que el matrimonio es para toda la vida, y cuando algo se rompe lo compones, no lo tiras. Pero contrario a lo que ocurre con las bodas en México, el divorcio se incrementa cada año. De 2000 a 2012 se registraron nueve veces más separaciones.

A nivel nacional, por cada 100 parejas que decidieron dar el “Sí” durante 2012, se registraron 17 que se arrepintieron y se divorciaron, de acuerdo con reportes del Inegi.

Chihuahua y DF fueron las entidades donde más parejas rompieron la promesa de estar juntas “hasta que la muerte los separe”. El divorcio fue solicitado por 33 de cada 100 matrimonios registrados. Durante 2000 se solicitaban apenas siete divorcios por cada 100 parejas casadas.

Sólo lugares como Chihuahua y el Distrito Federal contaban con más de 10 rompimientos por cada 100 uniones hasta ese año. La separación se veía como una opción únicamente para la gente que vivía en grandes ciudades.

Héctor Maldonado San Germán, director del Registro Civil del Distrito Federal, asegura que esta tendencia está tomando mayor popularidad entre la población de clase baja-media. Antes el divorcio costaba entre 80 y 100 mil pesos, dependiendo de lo que tardara el trámite, y ahora si ambas partes están de acuerdo, sólo necesitas 58 pesos [costo del documento] y en 15 días ya estás separado, asegura Maldonado.

En la Ciudad de México se fomentan matrimonios igualitarios en los que ambas partes saben a qué instancias recurrir en caso de que haya problemas. Y desde el año pasado se logró la eliminación de la lectura de la epístola de Melchor Ocampo, documento escrito en 1859 en el que la mujer prometía obediencia al hombre, con el fin de buscar enlaces cimentados en la equidad.

Con este tipo de medidas se le muestra a la pareja que tiene toda la libertad de elegir seguir junta o separarse, afirma el director.

Me caso, no me caso

Los datos muestran que el matrimonio continúa siendo una tradición muy arraigada en el país. Y aunque la mayoría de los mexicanos están dispuestos a cumplir con esta práctica, año con año han retrasado su llegada ante un juez.

Maldonado San Germán lleva dos años al mando del Registro Civil de la cuarta ciudad más poblada del mundo y es testigo de cómo el matrimonio se ha ido a pique. En 2005 casaban a 4 mil parejas cada mes, pero el año pasado este número disminuyó cerca de mil registros.

En un lugar tan heterogéneo como el Distrito Federal, las razones para postergar el matrimonio son muchas. Desde personas con escasos recursos que no pueden cubrir el costo del trámite en el juzgado, hasta una clase media que prefiere cumplir primero sus proyectos personales, son los casos que han llevado a los matrimonios a niveles tan bajos.

Maldonado añade que además en la Ciudad de México se ha visto un empoderamiento a nivel laboral para las mujeres, “Nosotros somos un ejemplo. Ocho de cada diez personas que laboran en el Registro son mujeres,” afirma.

La investigadora Mier y Terán ve positivo este cambio porque las parejas ahora son más igualitarias. En los años 60, las mujeres con una buena formación académica y con un trabajo estable tenían muy pocas probabilidades de casarse, pero actualmente “son muy atractivas en el mercado matrimonial”, asegura la investigadora.

“Aunque el hombre esté consciente de que es el proveedor principal, ahora busca una mujer que tenga cierta estabilidad económica y que lo pueda apoyar”, afirma.

Y es que sólo el querer casarte cuesta. Por ejemplo, contraer nupcias en las instalaciones de alguno de los juzgados del Distrito Federal tiene un valor de 900 pesos, cantidad inalcanzable para muchas parejas. Ante estas necesidades, el gobierno de la ciudad lanzó hace tres meses un programa que condona el pago del trámite para aquellos que ganen menos de 4 mil pesos al mes.

Para Ricardo, el tema económico siempre será esencial y espera que, por lo menos, en ocho años su sueldo sea mucho mayor y pueda ser parte de la estadística que dice: “Sí, acepto”. 

Fuente: El universal

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