Miguel Mireles: Iluminando la lucha contra el cáncer

Poder ver más allá de lo que alcanza un observador casual es una forma de arte. La identificación, el monitoreo y el tratamiento de tumores constituyen una carrera contra el tiempo que Miguel Mireles Núñez quiere que la ciencia médica gane.

 

En gran medida, el progreso de la medicina moderna se trata de tener visión, de poder sacar partido del ingenio humano y de la tecnología de punta para diagnosticar problemas serios de salud que en el pasado no se han podido detectar. También se trata de ver hacia un futuro en el que las enfermedades mortales se puedan manejar o quizá hasta erradicar por completo.

A veces, los métodos simples son los más útiles.

Como prueba, sólo hace falta ver el trabajo de Miguel Mireles Núñez, un ingeniero en Electrónica graduado de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, miembro de Conacyt y estudiante de doctorado en el grupo de investigación de Médico de la Óptica en el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) en Barcelona. Pasó los últimos años analizando los procesos fotónicos involucrados en la espectroscopía de óptica difusa, un método económico no invasivo para diagnosticar tumores mediante el uso de rayos de luz.

La principal área de estudio de Mireles Núñez ha sido el cáncer renal en ratones de laboratorio. “Mi trabajo refiere a tres aspectos de la oncología traslacional, es decir, experimentación animal para su posterior aplicación en investigación con humanos,” comenta.

Un método económico no invasivo para diagnosticar tumores mediante el uso de rayos de luz.

 

La luz y los tejidos

La espectroscopia óptica in situ se ha usado ampliamente como método para diagnosticar cáncer durante el último cuarto de siglo. Cuando las enfermedades evolucionan en el cuerpo, estas causan cambios en la composición y la estructura celular de algunos tejidos; dichas mutaciones cambian la forma en la que la luz se refleja o se absorbe.

“De manera tradicional se puede hacer palpación del tumor, se valora el peso y la manera en que crece, pero no es información del todo objetiva”, dice Mireles Núñez.

Los médicos que usan la espectroscopía de óptica difusa pueden reunir datos valiosos sobre la composición de los tumores, saber, por lo que ven, si hay presencia de agentes cancerígenos y hasta evaluar si un tumor está respondiendo o se está resistiendo a tratamientos prescritos previamente. Si la situación así lo dicta, los doctores también pueden emplear métodos terapéuticos relacionados, como la espectroscopía de reflectancia difusa, que usa nanopartículas de oro y rayos de luz para elevar la temperatura de los tumores de forma localizada y quemar células cancerígenas sin dañar el tejido saludable que lo rodea.

Iluminando la lucha contra el cáncer.

 

La carrera

Gracias a sus esfuerzos, Mireles Núñez es ahora un autor publicado sobre el tema de espectroscopía de óptica difusa y ha expuesto su trabajo en varias conferencias de alto perfil desde que comenzó sus estudios de doctorado. Planea hacer estudios posdoctorales en los Estados Unidos y regresar a México para promover el uso de la espectroscopía de óptica difusa.

Sus aportes llegaron en el mejor momento, ya que recientemente los institutos mexicanos de investigación del cáncer han tenido avances importantes en la medicina molecular, criopreservación, nanotecnología, terapia génica, trasplantes, ingeniería genética, robótica, células madre e inmunoterapia.

“Cuando pones luz a un tejido, adquieres información”, concluye Mireles Núñez. “Dependiendo de lo lejos que viaje el fotón, se pueden conocer ciertas características del tumor a través de sus propiedades ópticas, como dispersión y absorción, las cuales se relacionan con el volumen de sangre, cantidad de agua y grasa, así como la oxigenación. Así podemos predecir la evolución del tratamiento”.

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