Es como la discusión de la quesadilla con o sin queso, porque mil veces queremos convencer a los del norte que el Día de México es el 15 de septiembre, y ellos asienten y regresan a organizar el tequila y los burritos para el 5 de mayo.
No entendemos: y es que con todo y que nos provoca orgullo aquella Batalla de Puebla, en la que un modesto e improvisado regimiento mexicano venció al entonces ejército más poderoso del mundo, ¿por qué los gringos insisten en que el 5 de mayo sea la fiesta más importante de nuestro país?
Por acá les explicamos:
Un 5 de mayo juarista
Recuerden que la Batalla de Puebla (5 de mayo de 1862) ocurre al mismo tiempo que Estados Unidos transita por su Guerra Civil (1861-1865), que enfrentaba a los Estados Confederados del Sur contra la Unión del Norte. En ese contexto, la imposición de una monarquía en México tenía el apoyo sureño, que también querían un gobierno aristocrático, conservador y esclavista. Ser confederado y sureño era ser pro-Maximiliano. En cambio, quienes apoyaban a Benito Juárez estaban del lado de Lincoln, su único aliado internacional. Ser Republican y ser juarista era lo mismo. Y cantaban:
Un 5 de mayo porfirista
Una vez resuelta la Guerra Civil norteamericana, y también superada la invasión francesa en México, la efeméride creó un vínculo entre dos triunfadores: los liberales mexicanos y los republicanos estadounidenses. Esta visión fue un factor de unidad que permitió el intercambio comercialy la tolerancia política entre ambos países. En los festejos norteamericanos se ridiculizaba al “Napoleón pequeño” y se declamaban loas para Juárez e Ignacio Zaragoza (quien, por cierto, era oriundo de Texas). Además, así los estadounidenses con ascendencia mexicana (los de territorios recientemente integrados, como Texas, Arizona o California) lograban cierta ciudadanía: eran mexicanos y gringos porque adoraban a Juárez y a Lincoln por igual.
Un 5 de mayo chicano
En los años sesenta y setenta, junto con los movimientos sociales y culturales estadounidenses (protestas contra la Guerra de Vietnam, hippies, Black Power, liberación femenina), los chicanos (estadounidenses con ascendencia mexicana) también tomaron fuerza. Ellos buscaban consolidar el orgullo por el gran pasado azteca, que describían como fuerte, viril y étnico. Los chicanos podían enfrentar a Europa, al imperialismo estadounidense, a la corrupción mexicana y ser más grandes que todo, porque eran herederos de los zacapoaxtlas que pelearon en Puebla. Este 5 de mayo hacía menos caso a Juárez o Zaragoza, que a la reivindicación étnico-azteca de la tropa.
Pero además, el 5 de mayo tenía un propósito estratégico: el movimiento chicano dependía de la vida universitaria y se reunía a más estudiantes militantes el 5 de mayo que el 16 de septiembre, cuando hay poca actividad en los campus.
Un 5 de mayo latino
Desde los años noventa y hasta estos momentos, la efeméride terminó englobando las hazañas de todas las poblaciones hispanoamericanas, fueran mexicanos, salvadoreños, costarricenses, colombianos o peruanos. El festejo mexicano se volvió “latinou” e “hispánico”. George Bush papá dijo en un discurso de la época, cuando instituyó la fiesta del Cinco de Mayo en la Casa Blanca: “Los festejos del cinco de mayo nos recuerdan qué tanto han influido y enriquecido los hispanos (sic) a Estados Unidos. Al compartir sus tradiciones, los hispanoestadounidenses son parte de nuestra historia, incluyendo el emprendimiento, el sentido de comunidad donde los vecinos ayudan a los vecinos, la fe y el amor de familia”.
A este 5 de mayo se le ha llamado multikulti: en él cabe toda expresión que venga o parezca venir de abajo del río Bravo, como los burritos, tequila, Pancho Villa, Tigres del Norte, Selena, pero también Ricky Martin, Shakira, Celia Cruz, reggaeton y pupusas. El actual 5 de mayo gringo es el Día de lo Latino.
“La ironía es que ese día que celebraba el triunfo de México sobre la Francia de Napoleón III, la que soñara con una América ‘latina’ contra una América anglosajona. El 5 de mayo del siglo XXI le otorga un triunfo, aunque tardío, al olvidado Napoleón: es la celebración de la latinidad. No sé qué o quién sale ganando”, ironizaa Mauricio Tenorio Trillo, el historiador de cuyo ensayo sacamos muchas de estas notas.








