En el Palacio de Bellas Artes está una de la exposiciones más importante de 2017: Picasso & Rivera. Conversaciones a través del tiempo. Muestra la relación entre estos dos genios de la pintura, en un periodo que va desde 1894 a 1956. En este tiempo, el español y el mexicano se admiraron, odiaron, influyeron e imitaron. Sus espectadores ganamos, con infinidad de imágenes poderosas.
Uno ibérico, el otro prehispánico
La exposición te recibe con los autorretratos tempranos de ambos artistas, cuando asumen plenamente sus oficios: El Autorretrato con paleta de Picasso es el más importante del español antes de iniciar su aventura cubista. En el Autorretrato de Rivera él está en su primer estudio, despeinado, con barba y la bohemia a tope. Junto a Picasso hay una escultura ibérica antigua; junto a Rivera está un monolito prehispánico. Y según nos dice el curador Juan Coronel Rivera, de esto trata la exposición: de cómo, para llegar a la cumbre de su arte, los dos pintores abrevaron en sus culturas antiguas.
El que pinta obreros, el que pinta parrandas
Diego va a España becado en 1906, cuando Picasso ya empieza a destacar como el pintor más importante de su generación. Y en pinturas de la época ya se ve qué le preocupa a cada uno: en La parte de Pedro, de Rivera, pone en primer plano a un trabajador; mientras Picasso, en el Retrato de Sebastià Junyer-Vidal, muestra su interés por la vida cosmopolita.
Y fueron amigos y estaban en todo de acuerdo…
Se dice que los presentó un pintor chileno. Hasta existe una fotografía que Picasso le dedica a Diego. Le dice: A mi querido amigo Diego Rivera, entout d’accord. Seguro estaban de acuerdo en sus apasionadas charlas de estética cubista. El curador Coronel Rivera evidencia algo curioso: muy español y muy mexicano, pero para hablar de arte usaban francés. So fancy this guys.
…pero Picasso le copió a Rivera y se enemistaron
Porque en su Paisaje Zapatista, Diego inventó una forma de pintar el follaje que parece tercera dimensión. A Picasso le impactó tanto el cuadro que lo copió. Después Diego, en una cena en el estudio de Picasso, descubrió la imitación. Picasso explicó que ya tenía tres años de haber hecho el cuadro; Rivera pasó el dedo por el óleo y se quedó con la pintura: fresca. Se armó la batahola (era una cena con muchas personas y pues, qué pena) y Picasso hizo campaña para golpear mediáticamente a Rivera. Que en Francia ya le traían ganas, porque cubista y todo, pero Diego le ponía demasiados colores a sus pinturas, y eso iba contra el estilo del cubismo.
Y así fue el Regreso al Origen: (el Rappel a l’ordre, como dirían ellos)
Abandonado el cubismo, Picasso abrevó en la estética grecolatina para su evolución estética. Puede apreciarse en La flauta de pan, de 1923, en el que los torsos de sus personajes aluden a los dioses de las épicas homéricas; Rivera, mientras tanto, combina los óleos con los muros. Y en trabajos como La canoa enflorada muestra que hay otro tipo de belleza: la indígena, la de los mitos precolombinos.
No es casual que ambos hicieran grabados que aludieran a estos orígenes: la Suite Vollard, de Picasso, con hombres barbados y minotauros; y el Popol Vuh de Rivera, con sus dioses mayas y sus guerreros de maíz.
Rivera & Picasso es una exposición de tesis
Porque muestra cómo dos grandes artistas se sumergieron en los artes antiguos de sus regiones para crear el arte moderno. Pero también, porque hace un viaje entre dos estéticas poderosas e influyentes del siglo XX.
Picasso inventa el cubismo en 1906 y Diego llega tarde, hasta 1912. Pero Rivera regresa a México en 1921 y con Orozco y Siqueiros crea el primer arte fundacional del continente: el muralismo, con repercusión en Asia, África, Europa. Ahí es Picasso quien llega tarde al muralismo, pero con una obra fundamental: el Guernica de 1937.
Rivera & Picasso. Conversaciones a través del tiempo se presenta en el Palacio de Bellas Artes desde el 6 de junio y hasta el 10 de septiembre de 2017. Fue curada por Michael Govan, Diana Magaloni y Juan Coronel Rivera.

















