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¿Por qué nadie se pone de acuerdo con el color del vestido? La ciencia lo explica

Si deambulaste por Internet entre ayer y hoy, seguramente hayas visto la fotografía del vestido a rayas que ha causado conmoción y ha dejado absorto a todo el mundo, generando una división de las opiniones en dos grandes bloques claramente definidos y una controversia de tal magnitud que no se veía desde la Guerra Fría y la Cortina de Hierro.

Por alguna extraña razón, vinculada a la forma en que ve el ojo humano y a la incidencia de la luz en esto, nadie logra ponerse de acuerdo respecto a qué color es el vestido, siendo las dos principales corrientes de pensamiento las que indican que, o bien es azul y negro, o bien blanco y dorado.

Reflejo de la luz

La luz que ingresa al ojo humano es la que define los diferentes colores que vemos. Diferentes longitudes de onda en la luz se corresponden con diferentes colores. La luz llega a la retina, donde ciertos pigmentos presentes en ella desencadenan conexiones neuronales en la corteza visual, la parte del cerebro encargada de procesar esas señales y convertirlas en una imagen.

El primer rayo de luz que llega a la retina está formado por la longitud de onda que se observa en el ambiente, en todo el espacio que estás mirando. Es decir, por ejemplo, que en el caso del vestido, al mirar la imagen, el primer rayo de luz que recibe nuestra retina no depende del color del vestido en sí, sino de la luz que hay en el ambiente donde se encuentra el vestido, que afecta la longitud de onda de la luz que llega a nuestra retina.

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Aquí es donde ingresamos en un terreno crucial: habitualmente, el cerebro deduce de manera automática qué color está reflejando el objeto que vemos y se abstrae de él para que veamos el color «real» del mismo.

Según el neurocientífico Jay Neitz, de la Universidad de Washington, «se supone que nuestro sistema visual debe descartar información acerca de la fuente de luz que ilumina al objeto y extraer información acerca de la verdadera reflectancia del mismo». Sin embargo, después de estudiar diferencias individuales en la visión de colores por 30 años, Neitz aseguró que esta es una de las principales diferencias que se observan en distintas personas (Neitz lo ve blanco y dorado).

La incidencia de la luz diurna

Este sistema (el cerebro abstrayendo el reflejo) funciona generalmente a la perfección, pero la imagen de este vestido quedó justo en un punto crítico de la percepción.

Los humanos hemos evolucionado para poder ver a la luz del día, pero el eje cromático de la luz diurna varía desde el los tonos claros del amanecer, pasando por la luminosidad al mediodía, hasta los tonos más oscuros del atardecer.

En la imagen del vestido «que cambia de color», nuestro sistema visual intenta eliminar el sesgo de color que suele tener la presencia de la luz diurna, pero como la luz diurna varía, no todos los que vemos la foto del vestido eliminamos la misma porción del eje cromático.

Así, hay quienes eliminan los tonos oscuros y ven el vestido blanco y dorado, y otros eliminan los tonos claros y lo ven negro y azul.

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En otras palabras, el cerebro de algunas personas interpreta que el tono azul se debe al reflejo de la luz y la descarta (ven el vestido blanco y dorado), mientras que el cerebro de otras personas adjudican el azul al vestido mismo (entonces lo ven azul y negro).

En Wired se encargaron de analizar la imagen con Photoshop, para descubrir los verdaderos valores de la composición rojo-verde-azul del vestido.

Esto determinó que el color real del vestido se encuentra más cercano al negro y al azul. El azul está claro, pero el color «negro» no es del todo negro, sino algo anaranjado. La apariencia de negro se da (en los que ven el vestido negro y azul) debido al fondo blanco de la imagen, pero si se la ubica con un fondo neutral de color negro, se vería el tono más anaranjado.

Curiosidades Batanga

 

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