Segundo día de EDC

México.- El segundo día del festival tuvo como protagonistas a Sasha y Martin Solveig.

Intransitable la Curva 4, pero interesante. Bien se podían cruzar con precavidos de la emergencia sanitaria como con los atuendos más ingeniosos. Rick y Morty emergieron de una máquina del tiempo, algo traían encima, les provocó inmunidad al dolor, lo necesario para sobrevivir al Wasteland y su horda de seguidores masoquistas concentrados en un mosh pit (donde la gente baila en círculo aventándose).

EDC tuvo una convocatoria enorme y una diversidad envidiable. El escenario bionic Jungle congregó a la sangre Azteca, mientras el neón Garden tuvo el encontronazo entre el Hijo del Santo y Psycho Clown durante Mason Maynard y el Stereo Bloom resguardó a los puristas del trance.

A propósito del coronavirus, muchos llevaban bozales, respiradores y filtradores de aire, popularizados por Alan Walker, y que nada tienen que ver con la alerta. Muchos los usan en neón Garden para contrarrestar la polvareda de Paul Woolford.

Mucha raza esperaba a Knife Party, era el loquerón de la noche junto a Zomboy y Diplo, faltaba un rato, antes se podía ir a al kinetic Energy con Martin Solveig, el simpático francés que obviamente todos querían ver para Hello.

En comparación con el viernes, ayer no tuvo como protagonista el perreo. Todo se trató de dubstep, EDM, trance, techno y puro beat. Diplo era el alma latina encarnada en el cuerpo de un gringo. Pero era la clausura; sin prisas todos los electrolovers.

El frío no se puso tan demencial como el primer round, así que las escasas prendas y la poca tela por fin sirvió. Las chamarras estorbaron. Tanto con hombres y mujeres era inevitable no voltear a ver los excéntricos maquillajes que brillan en la oscuridad, una mayoría de aztecas y esqueletos bailarines, que lucieron con el francés durante la rola Tequila.

Fresón a más no poder, pero nadie le puede enseñar a armar un reventón como el que armó. Hasta chicos disfrazados de tenistas arribaron.

Unicornios acompañados de dragones, aliens cargando a jóvenes no mayores de un metro y uno que otro que desafiaba al frío sin camisa bailaron al ritmo de Eminem, con Slim Shady, y Daddy Yankee, con Gasolina, cuando Musik Junkies encendió la fiesta y uno que otro porro de mariguana en el escenario Dos Equis, haciendo que la noche apenas comenzara.

Para otros el silencio era más atractivo… es decir, rodeados de música, la activación de una marca de refresco ofrecía la oportunidad de aislarse en un espacio donde aparentemente el silencio era el protagonista, sin embargo los audífonos que cada uno de los presentes ahí tenían su propio reventón con la cada vez más famosa silent party.

Un espacio para darte un break con una barra de chocolate y por si olvidaste comprar algo, una tiendita de conveniencia de esas que tienen dos x en su nombre, eran sólo parte del paisaje creado por Insomniac y Ocesa para esta séptima edición del Electric Daisy Carnival.

Si bien se pensaría que el EDC está enfocado en su mayoría a un público muy joven… siempre está el público pionero, ese que en los años 90 colocó el movimiento electrónico en la mira de los mexicanos y que sigue siendo fiel al espíritu rave de aquellos años.

Es justo ese público, mayor de 35 años, el que abarrotó el escenario neón Garden en donde DJ Sasha se convirtió en uno de los actos más esperados de la noche de ayer.

En la espera, algunos recordaban aquella presentación que hizo el músico británico en el extinto teatro Opera de la Ciudad de México dónde hasta un portazo hubo y fue justo 10 minutos antes de las 10 de la noche cuando el house de Sasha llego, una vez más, al festival electrónico.

El house del inglés colocó en trance al público que se movía al ritmo de los beats que recorrían la carpa atrayendo desde lejos a aquellos que reconocieron la peculiar y clásica forma de mezclar de uno de los pioneros de la fiesta que se convirtió en la protagonista de los afterhour y ahora reina en los festivales del mundo.

Con información de Excélsior.

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