Si el conocimiento es poder, entonces la ciencia es el poder máximo. La ciencia nos proporciona las herramientas para vivir mejor que antes y nos abre paso en la búsqueda de lo que realmente significa “óptimo” en relación con nuestro organismo. Y entre más pronto comencemos a apreciar la complejidad científica de nuestro único cuerpo, más pronto podremos darle los cuidados y la atención que necesita para vivir al máximo.
¿El tema de hoy? Inmunología. Un sistema inmunológico saludable puede ayudar a nuestro cuerpo a combatir gérmenes que de otra forma harían que nos enfermáramos. Cada vez nos recuperamos de una enfermedad o nos cortamos y la herida cicatriza, nuestro sistema inmunológico está trabajando. Por eso es importante mantenerlos saludable.
El organismo es un complejo sistema de reacciones químicas y se ha demostrado que tener la cantidad adecuada de estas pequeñísimas vitaminas y minerales representa excelentes beneficios. De acuerdo con un estudio publicado en el British Journal of Nutrition, “las vitaminas A, C y E, y el oligoelemento zinc, ayudan a mejorar la función de barrera de la piel”. Nuestra piel tiene un papel importante en la protección del organismo, pues crea una barrera entre nuestros órganos vitales y los químicos y sustancias con los que entramos en contacto todos los días. También dicen que “las vitaminas A, B6, B12, C, D, E y el ácido fólico, así como los oligoelementos hierro, zinc, cobre y selenio hacen sinergia para dar apoyo a mantener las actividades protectoras de las células inmunológicas”. En el estudio también se menciona que todos los micronutrientes, con excepción de la vitamina C y el hierro, son “esenciales para la protección de los anticuerpos”.
La American Psychological Association publicó un informe sobre estudios relacionados con el estrés y resultados relacionados con la inmunidad, concluyendo que el estrés, sin importar su duración, puede afectar negativamente el sistema inmunológico. El estrés adicional que acompaña el aislamiento social y los sentimientos de soledad debilita el sistema inmunológico todavía más. Aprendamos a manejar exitosamente el estrés en nuestra vida y recurrir a amigos y familiares cuando uno los necesita puede ayudarnos a mantenernos más saludables. Tratemos de incluir en nuestra rutina diaria más actividad que nos produzca calma, como lectura en silencio o yoga.
CÓMO REDUCIR NUESTROS NIVEL DE ESTRÉS
COMAMOS ALIMENTOS QUE LE DEN NUTRIENTES A SU CUERPO NUTRIENTES VITALES.
Probemos los espárragos (alto contenido de folato), aguacate (rico en glutatión), moras (buena fuente de vitamina C), y nueces de la india conocidas también como de castañas de cajú, (buena fuente de zinc).
TOMEMOS UNOS MINUTOS PARA RESPIRAR PROFUNDAMENTE.
Sentarnos y pararnos derechos, vaciemos nuestros pulmones por completo y luego, comenzando en nuestro estómago y subiendo hasta nuestro pecho, llenemos por completo nuestros pulmones. Saquemos el aire lentamente y comencemos de nuevo.
RIAMOS
Busquemos nuestro video cómico favorito de YouTube, ese que nos mata de risa, o veamos de nuevo nuestro episodio favorito de Seinfeld. La risa provoca la liberación de endorfinas, lo que ayuda a mejorar el estado de ánimo.
ESCUCHEMOS MÚSICA.
No importa si preferimos los sonidos de jazz tranquilos o los tonos movidos de la estrella de pop más nueva de a nivel mundial, escuchar música que disfruta puede ayudarnos a calmar nuestro estado de ánimo.
UN PASEO CAMINANDO.
El ejercicio siempre se ha prescrito como medicamento para aliviar el estrés. Tratemos de caminar al parque local y darle una vuelta, o busquemos un camino en la montaña y hacernos uno con la naturaleza durante una hora o dos.




