Todo es personal. Se atacan con calificativos punzocortantes, y se engallan, caminan en el set de televisión que es el ring de su contienda, el segundo debate presidencial, y van de su silla a la de sus contendientes. Se agreden, pero su crispación es modulada.
Un pleito que fue subiendo de tono salió a relucir durante el segundo debate presidencial, cuyas preguntas fueron hechas por seis de los 42 ciudadanos asistentes al gimnasio de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).
Los candidatos presidenciales Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, y José Antonio Meade privilegiaron anoche en su segundo debate el intercambio de adjetivos y descalificaciones por encima de las propuestas.
La revisión del estado de la relación de México con Estados Unidos y las posturas de Donald Trump en materia comercial, permitieron a los candidatos presidenciales definir su postura hacia Washington.
El formato del segundo debate entre los candidatos presidenciales no cumplió con las expectativas. Quedó a deber y evitó un verdadero intercambio de propuestas.

