Foto: López Dóriga

Adiós al Chavo… Fallece Roberto Gómez Bolaños Chespirito (VIDEO)

México, DF.- Hoy falleció el comediante Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, en Cancún. Tenía 85 años. Era un referente en la televisión, en la comedia y en el cine, publica Joaquín López Dóriga en su portal en línea.

Desde 2009 arrastraba problemas de salud que siempre captaban la atención de la prensa ante la posibilidad de un funesto desenlace como el de hoy. En aquella ocasión fue un problema en la próstata que se arregló con una intervención quirúrgica.

Después vinieron los problemas respiratorios que le ocasionaron mudarse a vivir a Cancún donde dejaría de utilizar un tanque de oxígeno que lo asistía en su respiración. Ya no podía caminar y por eso se le veía en una silla de ruedas.

Varias veces en Twitter se anunciaba la noticia de su muerte. En una de ellas, Javier Solórzano cayó en la trampa pero fue el propio Chespirito quien desmintió el anuncio en el programa de este periodista, en el cual mencionó que tenía problemas con el oído.

Así fue como su salud fue mermando en el último lustro hasta acabar con su vida que no parecía estar ligada a la producción televisiva.

En realidad, Roberto había estudiado ingeniería pero terminó trabajando como escritor de comerciales en la agencia de publicidad D’arcy. Quizás por el lado de su padre le brotó la vena artística. Francisco Gómez Linares era ilustrador de diferentes diarios como El Universal Ilustrado y Continental. Sin embargo, el padre partió muy pronto para dejar viuda a Elsa Bolaños con sus tres hijos- Horacio y Francisco, los hermanos de Roberto.

De la agencia de publicidad, en 1960, Gómez Bolaños pasó a ser guionista del programa de radio Cómicos y canciones donde actuaba Viruta y Capulina. También colaboraba en El Estudio de Pedro Vargas.

Para 1968, comenzó a trabajar para Televisión Independiente de México donde creó los sketches de Los Supergenios de la Mesa Cuadrada y El Ciudadano Gómez, que lo catapultaron a la obtención de su propio show los lunes a las 8 de la noche.

El programa se llamaría Chespirito, igual que el sobrenombre que el director Agustín P. Delgado puso a Roberto pues este lo comparaba con William Shakespeare y decía que el chaparro guionista era un “Shakespeare chiquito”, es decir, un “Shakespirito”.

De aquella producción surgieron los personajes más famosos de sus creaciones: El Chapulín Colorado (1970) y El Chavo del 8 (1971).

“Yo no pretendí que la gente pensara que éramos niños, sino que aceptaran que éramos adultos interpretando a niños”, explicó Chespirito.

En 1972, Telesistema Mexicano compra a Televisión Independiente y así es como Roberto Gómez Bolaños pasa a integrar parte de Televisa con la que produje El Chavo del 8 en 1980, un show exclusivo para el famoso niño que vivía en un barril y sería acompañada por todos los personajes que aparecían en la vecindad.

Un informe de la revista Forbes de 2012 mostró que Televisa recibe cerca de unos 16 millones de pesos por cada episodio transmitido. Por regalías, se lleva unos 300 millones de pesos.

Chespirito produjo diferentes programas usando el universo de personajes que había creado hasta que en 1995 encarnó por última vez al Chavo. “Dejé de hacerlo porque el peor error que puede uno cometer es dejar de evolucionar. El ser humano es producto de la evolución y debe ir cambiando”.

Entonces se dedicó a la producción y al teatro. Actuó en la obra “11 y 12” y produjo la comedia musical “Queen mother”

En 2011 incursionó en Twitter con su cuenta oficial (@ChespiritoRGB).

Las polémicas lo siguieron en torno a la política al expresar su apoyo a los candidatos presidenciales del Partido Acción Nacional para las elecciones de 2000 y 2006. También los pleitos con la Chilindrina (Maria Antonienta de las Nieves) y la versión de haber sido contratado alguna vez en Colombia por algún narcotraficante para actuar en una fiesta particular.

Su vida sentimental quedó entre la madre de sus hijos, Graciela Fernández con quien procreó a seis vástagos, y con su gran amor y compañera inseparable, Florinda Meza.

Fuente: López Dóriga

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