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FOTOS: Cortesía RedLab

De África a México: El torito de petate

Juan Antonio Magallán / Primera Plana Noticias

Morelia, Michoacán.- Chispas brotando de los machetazos contra el concreto, música retumbando en amplificadores instalados en camionetas enormes, mariguíes con pelucas rosadas, mientras el claxon retumba al compás de ¾ de Juan Colorado; así inició el Festival de Toritos de Petate de la comunidad Estación Queréndaro en la comunidad Francisco Villa de Zinapécuaro.

En brazos, una mujer cargaba una bocina portátil reproduciendo sones abajeños. Las sonrisas fluyen. La comparsa sigue su rumbo hacia la cancha de basquetbol rodeando la avenida Reforma de la comunidad michoacana.

Y ahí va zumbando ‘El Purépecha’, ‘El Chilango’, con sus máscaras, flanqueados por cuatrimotos con cuernos de toro al frente.

En su camino, los mariguíes acarician los rostros de los hombres casados seduciéndolos para bailar. Los espectadores sonríen sin parar.

En el camino va Don Pedro, oriundo de la comunidad. No se salva de un beso de aquel personaje de peluca rosa. Mientras tanto, otro peluqueado ya sacó a bailar a un reportero de Morelia. Se perdieron hasta el amanecer.

Llama la atención de todos ‘El Original’, torito ataviado con luces led, cuya temática principal son los ornamentos basados en la película de Disney Pixar Coco. Noventa minutos y llegan a la explanada y comienzan un show ensayado.

Converso con Gerardo García, co-creador de ‘El Original’.

“Aquí en Estación Queréndaro los toros siempre son diferentes. Hay toros eléctricos, mecánicos; siempre vamos evolucionando.

Construir un torito te lleva cerca de mes y medio. Convives con 50 personas, entre familiares y amigos para hacerlo, y aunque inviertes cerca de 15 mil pesos, lo más importante es bailar y divertirse”, consideró.

Concluye la breve charla y un niño abraza a un mariguíe,

—¿Te conozco?, pregunta.

Ya en la plancha de concreto, arriban mujeres de la tercera edad a danzar. Ahí ya no había camionetas con amplificadores, estaba la Banda El Diamante de Morelos amenizando la fiesta popular.

Sin golpes, violencia o desencuentros se celebró la tradición popular.

Sobre el origen de la tradición

Según la obra ¡Epa! toro prieto los toritos de petate son una tradición de origen africano traída a Valladolid por los esclavos de lengua bantú en el siglo XVIII, a decir del historiador Jorge Amós Martínez Ayala, catedrático de Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), quien analiza la tradición desde un punto de vista de histórico cultural, atendiendo como premisa principal el origen africano de la festividad.

La celebración se constituye por una comparsa donde intervienen diversos personajes: el toro o buey, hecho a partir de un armazón de madera cubierto con cartón, papel o cuero de vaca, un caporal, la macha (un garrochero sobre una mula), un payaso y un apache; personajes que salen a las calles en los días de Carnaval, la Candelaria y el Domingo de Ramos, acompañados por un grupo de personas y una banda de viento, agrupación que interpreta sones tradicionales mientras la comitiva cruza los barrios y/o colonias tocando y bailando.

Origen africano

El historiador Jorge Amós demostró en su obra arriba mencionada que la festividad es de origen africana y no netamente indígena; la creencia popular radica en que dicha festividad representaba la interpretación de los indígenas de las corridas taurinas de los peninsulares; pero debido a que hay pruebas del festejo en varios lugares de América, en los cuales se denotan pocos elementos simbólicos de corte indígena, debilita la tesis explicativa sustentada en su origen indígena.

Lo que le da peso a la tesis de que el torito de petate es de origen africano, es la asociación de los toritos con un rito bantú del Congo, aculturado por los grupos locales de africanos que se asentaron en Michoacán en el siglo XVII. El torito de petate es una danza que sobrevivió a través del tiempo, adecuándosele motivos y la parafernalia festiva; dicha festividad está ligada a las cofradías y expresiones de índole religiosa.

“Si consideramos a la danza no como una forma de expresión sino como un verdadero lenguaje, podremos desentrañar los discursos presentes en ella. La danza es una combinación de baile y teatralización de una narración; existe en ella una secuencia coreográfica, una disposición espacial de los elementos y actuantes, además de un diálogo entre los espectadores y algunos miembros de la comparsa que siguen un esquema flexible, pero atentos a ciertas marcas que indican el momento en que se debe ceñir al diálogo ritual.

La danza no es un reflejo de la realidad pasada, es una representación de las prácticas, actores sociales y relaciones por ellos establecidas en el pasado, pero resignificados para que sean útiles al consumo cultural que produce la danza”, refiere Jorge Amós en su obra.

Toritos de petate, primera referencia en 1586

A decir del autor, una de las primeras referencias de la manifestación de toros de petate en Morelia se remite a 1586, cuando Fray Alonso Ponce visitó Tarímbaro (antes llamado Istapa).

“Ahí se le recibió con música de trompetas y chirimías y con la danza de unos indios enmascarados que iban corriendo con un toro contrahecho, danzando al son de un tamboril”.

El arraigo de la tradición desde el siglo XVI se explica a través de la fusión con las festividades religiosas, siguiendo el similar de las festividades españolas para conformar lo que se ha llamado hermandades de raza, resultando al final un sincretismo cultural entre festividades religiosas de África y de la Nueva España.

A pesar de esa fusión, el autor explica que el arraigo no fue completo en cuanto a festividades coloniales, penetrando únicamente en las celebraciones que brindaban más libertad en acción, como son los casos del Corpus Cristi y el Carnaval.

Características básicas de la danza del torito de petate

La danza del torito de petate se caracteriza por dos puntos básicos:

1.- Su carácter teatralizado que delinea una serie de diálogos improvisados ceñidos a un ritual preestablecido. En ello los toritos de petate se distancian de las corridas españolas, las cuales hasta finales del siglo XIX se caracterizaron por la innovación y sorpresa ofrecida a los espectadores.

2.- La suposición de que el toro es real y que al final será sacrificado, desmembrado y repartido entre los integrantes del pueblo. Lo cual, según el historiador Jorge Amós, refrenda los lazos comunitarios y familiares.

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