Cierra Zoé y Andrés Calamaro el Vive Latino 2020

México.- Zoé y Andrés Calamaro fueron las cartas fuertes de la segunda jornada del Vive Latino.

Si el coronavirus no ahuyentó a los mexicanos, menos una inofensiva lluvia les iba a limitar de ver a Zoé, pegados como muéganos, faltando el respeto a la regla primordial de guardad la distancia.

En el escenario Indio llegó el acto más esperado: Zoé, rindiendo honor a su Música de Fondo, el MTV Unplugged que grabaron hace 10 años, y otra vez fue casi imposible guardar la distancia.

Sombras arrancó el set. Parece que existe una tendencia en moda para ser fan de León Larregui y compañía: un poncho, camisas de flores, lentes de sol bajo la oscuridad y la sobriedad, porque hay que reconocerlos, a los mexicanos les esperaron más en cinco sentidos que un día antes a los de Guns N’ Roses.

“¿Qué les puedo decir? Escuchemos esto”, dijo León. Fue Soñé, el tema que la cinta Amar te duele, de Fernando Sariñana, popularizó en su banda sonora.

Las gradas del Foro Sol no vomitaban gente, hubo espacio para moverse y, si uno se ponía riguroso, los de arriba guardaron más prudencia que los de la pista, cuyas ganas de cantar también escupían saliva inconscientemente.

Denise Gutiérrez, de Hello Seahorse, repitió en las voces de fondo, secundando a un Larregui que fácil podía ser confundido con un pintor francés.

Las tendencias en vestimenta lo suyo, era evidente en todos los que vistieron los ponchos que algún día puso de moda, y que en el Corona Capital y en el tianguis del mero Vive Latino también han sido materia indispensable.

Los baños lucieron desiertos. Todos querían verlos, así que el gel antibacterial y las jaboneras no sufrieron el mismo destino que el food truck de los vinos, exprimido antes de sonar No me destruyas.

Destruidos, quizá los pies, las piernas, porque la doble jornada paranoica y con un clima caprichoso resultó agotador, pero esas ganas de autodestruirse el corazón prevalecieron pese a la inminente amenaza virulenta. Anoche se trató de amor, de esperanza, de Labios rotos y mucho dolor.

Fue un acústico con más poder que otros, no más que el de Nirvana, pero lo fue. Se seguía bebiendo, sin importar el viento, un elemento atmosférico imposible de visceralizar aún más los versos metafóricos de Lárregui.

Adrián Dargelos, de Babasónicos, le dio nuevo aire a Dead. ¿Y adivinen cómo salió vestido? ¡Con un poncho! O mucha coincidencia o de verdad es una prenda que León puso de moda en algún momento de la carrera del grupo.

Lamentablemente, Bunbury no pudo llegar a México para cantar junto a Zoé, obvio la de Nada, por cuestiones de coronavirus, así que revivió un poco del Rocanlover, Veneno. Una vuelta a los casi inicios de Zoé.

Y ya había compadres, compartiendo babas en los vasos de chelas, con la rompecorazones de Paula, tambaleando y cantando con un sentimiento que no tuvo igual.

“¡Sácate la mota!”, le dijo León a un fan. Y se siguió con Vía láctea.

Hasta el cierre de esta edición, Zoé estaba por terminar su disco Unplugged con las rolas Luna, Nada y Nunca.

Cátedra de rock

“Oh, eh, oh, eh, oh,eh, Andrés, Andrés”, clamaba el público en el escenario Escena Indio donde el músico argentino Andrés Calamaro daría cátedra de buen rock en español.

“Raza, eh, banda. Buenas noches, México, buenas noches, Vive, buenas noches, banda chilanga. Van a pasar años, quizá siglos y vamos a recordar que estuvimos juntos dos días en el último festival musical hasta nuevo aviso. Vamos a recordar que estuvimos juntos estos dos días como si estuviéramos en el Titanic, dónde la banda sigue tocando. Hace 10 años venimos al Vive Latino por primera vez… A este súper país”, fueron las palabras con las que Andrés Calamaro agradeció a su público, al festival y a la vida poder ser uno de los actos principales de la segunda jornada del encuentro musical.

Con la ovación del público, Calamaro arrancó su presentación con la ya conocida Alta suciedad, con la cual hizo que los presentes hicieran lo propio sacando sus celulares para inmortalizar el momento.

El público la clamaba y el también productor dijo “no hace falta, me hacen sentir mexicano… Soy mexicano. Honrado de venir a cantar a este país”, dijo antes de que las primeras notas de Verdades afiladas le dejaron en claro al público por qué en 2018 fue el tema ganador del Grammy Latino en la categoría de Mejor Canción de Rock.

A los ojos, Rehenes y My mafia, canción que Calamaro dedicó a los barrios marginales de Buenos Aires. “Esa condición social que también conocen en la Ciudad de México. A esas personas que no tienen para pagar un boleto de un concierto”, Tuyo siempre y Crímenes perfectos fueron sólo algunas de las canciones que el argentino interpretó en su participación de una hora en el festival.

“Estamos como en el Titanic… Y la banda sigue tocando”, ironizó en alusión al coronavirus.

Con información de Excélsior.

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