¿Cómo sucede que tus datos personales en redes sociales se comercialicen?

Ciudad de México.- Facebook está en el ojo del huracán por la transferencia de información de 50 millones de usuarios que fue utilizada en las elecciones estadunidenses de 2016.

Autoridades de Estados Unidos y Reino Unido ya iniciaron investigaciones para determinar si la transferencia fue ilegal, pero mientras se resuelve el asunto, ¿se ha puesto a pensar cuánta de su información podría tener esta red social y para qué la utiliza?

Cada día publicamos estados de ánimo, los lugares a donde acudimos, subimos fotos a nuestro perfil y etiquetamos a las personas que están con nosotros; reaccionamos ante videos que nos gustan o disgustan… y aunque todo esto sea natural para nosotros, es el alimento para que la red social nos entretenga y, a la vez, haga con nosotros un gran negocio. ¿Cómo sucede?

 

EL MINEO DE DATOS

De acuerdo con Felipe García, ingeniero en sistemas que se dedica al desarrollo web, la historia comienza alrededor de 1989, cuando un grupo de trabajo académico en la Universidad de Londres se unió para desarrollar un modelo viable de comunicación y persuasión que pudiera utilizarse durante las crisis y situaciones sociales a través de la recopilación y el análisis de datos. Su nombre era Behavioural Dynamics Institute.

Este grupo de trabajo evolucionó en 1990, creando una rama comercial: Laboratorio de Comunicación Estratégica: SCL Ltd. Uno de los antecesores de Cambridge Analytica.

La compañía se dedicaba a analizar los datos de las personas y a ofrecer una solución a un cliente para que su campaña (política, social o empresarial) pudiera tener una influencia sobre el grupo al que iba enfocado.

 

LA MINA DE ORO

A grandes rasgos, esta es la base con la que Facebook gana millones de dólares. Una de las maravillas de la plataforma de Mark Zuckerberg es que ofrece mostrar anuncios publicitarios a personas que puedan interesarse en el producto. Publicidad efectiva a quien le ponga el mejor precio.

Cada vez que se hace una campaña, el anunciante elige a sus posibles clientes basándose en su edad, zona geográfica, actividades e intereses, determinados por las páginas y aplicaciones a las que le ha dado “like” o “me gusta”. El número de personas a las que les aparecerá el anuncio depende de la cantidad de “intereses” que se elijan y del dinero que se le invierta a la campaña. Facebook cobra a su cliente por cada vez que alguien hace click en
el anuncio.

De acuerdo con García, cada usuario de Facebook le aportó 20 dólares netos en 2017, que si lo multiplicamos por sus dos mil 129 millones de perfiles (según la página de Internet Statista) da como resultado 42 mil 580 millones de dólares.

Como dice un dicho en mercadotecnia: “si es gratis, tú eres el producto”.

 

¿CÓMO OBTIENEN MI INFORMACIÓN?

Antes de que cualquier aplicación o plataforma en internet se haga dueña de la información que le compartimos, deben cumplir los estándares de privacidad de la ley de cada país y son, como lo llamaríamos en México, las letras chiquitas del contrato, que nadie lee.

Al abrir nuestra cuenta de Facebook, antes del botón de ingresar, hay unas letras pequeñas con unos hipervínculos en otro color que son Los Términos y Condiciones (o derechos y obligaciones del usuario y el proveedor de servicio) así como el Aviso de Privacidad que indica qué tipo de información se recopila, si existe la forma de borrarla y si se comparte o transfiere a terceros.

Por ejemplo, en el número tres de los Términos y Condiciones se establece que “Se hace lo posible para mantener Facebook seguro, pero no podemos garantizarlo”.

También se establece que para recolectar la información es necesario que el usuario dé su consentimiento y cumpla con algunas reglas, como decir la verdad en su información, no hacer publicaciones comerciales sin autorización de Facebook, no usar la plataforma para hacer algo fuera de la ley, malicioso o discriminatorio y tampoco usar aplicaciones que contengan alcohol o que no sea apropiado para todas las edades, por mencionar algunas.

También indica que ninguna aplicación podrá tener acceso a nuestra información a menos que aceptemos que lo haga.

Es por eso que todas las aplicaciones que conectamos a través de Facebook (como Uber, Waze, SkyAlert, Shazam, Rappi, etc.) así como servicios informativos o de internet gratuito nos preguntan si queremos que el desarrollador de la aplicación acceda a nuestra información sin que publique nada a menos de que le demos otro permiso, de aceptar podremos usar la app, de lo contrario estaremos renunciando a ella.

El precio para el usuario es que ellos tengan acceso a una o todas las cosas que hayamos compartido, dependiendo de los requisitos de la aplicación.

Así, para que los tests como los que nos comparan con famosos, los que nos hacen ver como el sexo opuesto o los que nos revelan nuestra personalidad funcionen debemos otorgarles información como nuestros rasgos físicos o sicológicos, nuestra edad, lugar de residencia, gustos musicales o algunas de nuestras opiniones, entre
otras cosas.

Si ésta cae en manos de una empresa que se encarga de analizar estos datos, como lo que ocurrió con Cambridge Analytica, estamos expuestos a sus campañas que podrían influenciar nuestras decisiones.

 

¿QUÉ SE PUEDE HACER?

En la Ley Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales indica que todos los términos deben estar explícitos en un documento que contenga los términos y condiciones y en otro donde se explique el aviso de privacidad.

Además, el artículo 8 indica que “todo tratamiento de datos personales estará sujeto a consentimiento del titular. Éste será expreso cuando la voluntad se manifieste verbalmente, por escrito por medios electrónicos, ópticos o por cualquier otra tecnología, o por signos inequívocos”.

Esto quiere decir que no sólo las aplicaciones o las redes sociales comparten los datos. Varias empresas ya tienen estas prácticas. Cuando vamos al médico, compramos un auto o nos hospedamos en un hotel, estas empresas hacen una pregunta en el registro que pide la autorización para tratar y compartir datos personales.

Nuestro experto indica que, por el momento, el modelo funciona de esa forma. “Lo que queda es, de inicio, tomar conciencia de cómo funciona y el alcance que eso (la recopilación de datos) puede tener. Finalmente, es un ejercicio de voluntad donde uno interactúa libremente”.

Sin embargo, en un futuro, y con el escándalo de la filtración de datos de Facebook, es probable que la protección de datos se refuerce.

“En el mundo se están dando cuenta del poder que significa la compilación de información y se están haciendo llamados para establecer marcos legales para proteger la información de los usuarios y su seguridad. Por ejemplo, el nuevo modelo legal de Reino Unido, General Data Protection Regulation, que está por entrar en vigor pone mucho énfasis en la seguridad y privacidad del usuario y su libertad para decidir sobre su información”, explicó
García.

Aunque como usuarios apenas estamos descubriendo esto, el escándalo de Cambridge Analytica nos ha dejado claro que la información es poder y más si se trata de datos personales que pueden no sólo influir en nuestras decisiones, sino cambiar el rumbo de una región, como ocurrió con las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos o con el llamado Brexit, es decir, la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

CUÁNDO DENUNCIAR

En internet hay de robos a robos. De acuerdo con Felipe García, si robaron su identidad en Facebook o Twitter o están haciendo mal uso de sus fotografías, puede denunciarlo a través de los sistemas de las aplicaciones.

Sin embargo, si lo que robaron fueron datos sensibles como  nombre, dirección, teléfono o el número de su cuenta bancaria, tal vez no se dé cuenta al momento, pero tarde o temprano saldrá a la luz el fraude financiero. Si eso pasa, la Condusef recomienda denunciar ante el Ministerio Público. En caso de que una tarjeta haya sido clonada se debe cancelar de inmediato y acudir al banco a resolver el problema.

En caso de que su nombre haya sido usado para contratar un servicio, habrá que acudir a la Profeco o hablar a los teléfonos 5568 8722 desde la Ciudad de México y 01800 468 8722 desde el interior.

Si derivado de este fraude se mancha el historial crediticio, se debe presentar una solicitud de aclaración ante las Sociedades de Información Crediticia (Círculo de Crédito y Buró de Crédito).

 

Con información de: Excélsior

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