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Genoveva Pérez Pascual: muñecas, trabajo y prosperidad

Las muñecas de trenzas coloridas y narices triangulares han llegado a rincones lejanos del mundo, al igual que Genoveva, quien hizo de sus artesanías un buen negocio para ella y Amealco, su pueblo, ubicado en Querétaro.

 

Sus ojos redondos miran con candidez. Narices de triángulo; sonrisas discretas y comedidas. El verdadero lujo está en sus trenzas coloridas: listones azules, rojos, verdes y naranjas las coronan y les dan una elegancia naive. Después, sus vestidos, son un lujo de bordado y color. Así son las muñecas que crean Genoveva Pérez Pascual y su taller de San Ildefonso, en Amealco, Querétaro. Juguetes que se regalan, se coleccionan, se arrullan, se muestran con orgullo en museos y galerías. Que se convierten en motivo de alegría y desarrollo para toda una comunidad.

Genoveva es de San Ildefonso, en Amealco, Querétaro. Allí su madre le hizo una muñeca para jugar. Genoveva difícilmente sabría que esa muñeca, tan íntima, tan propia solamente de su pueblo, con el tiempo se convertiría en objeto de colección, apreciado y codiciado en todo el mundo.

Ahora Genoveva tiene un taller para crear muñecas. Inició con otras diez mujeres. Ahora son alrededor de cincuenta. “No le dábamos importancia a lo que teníamos, ahorita ya es para decoración o regalo”.

Juguetes que se muestran con orgullo en museos y galerías. LIBRE USO MX

 

Las muñecas que cambiaron a un pueblo

Genoveva inició su taller en 2005, cuando también empezó a trabajar con la Comisión para el Desarrollo Indígena (CDI). Allí le ayudaron con capacitación, financiamiento para máquinas y materia prima. Ahora se dedica por completo a las artesanías. “Este trabajo antes no se valoraba, ahora permite que mis compañeras y yo aportemos económicamente a nuestras casas y no dependamos del marido. Trabajamos y les enseñamos a nuestros hijos cómo se hace nuestro trabajo”.

En el taller trabajan alrededor de cincuenta mujeres, si bien todo el pueblo borda. “Las señoras se llevan la tela y el trabajo que se recibe se paga luego luego”.

Al principio tuvieron resistencia de la comunidad. Los hombres y las mujeres que no participaban los miraban con recelo. “Decían que éramos lo peor, gente de la calle, pero somos mujeres que trabajamos, lo que nosotras queremos ser”. La percepción pronto cambió. Incluso removió los usos y costumbres de la comunidad. “Algunas compañeras no se han casado porque los hombres no quieren que una gane más que ellos, son egoístas. Ahora nuestros hermanos y padres se involucran, dicen: qué bueno que les está yendo bien”.

 

Maestras de muñecas

Gracias a sus muñecas, Genoveva y su grupo han viajado por México y el mundo. Así han podido reconocer el gran valor de su artesanía y de su identidad.

A Genoveva todavía le sorprende que, en sus viajes por Milán, Estambul o Madrid, valoren tanto su trabajo. “Nos hacen sentir lo máximo; nos dicen maestras, una se siente importante. Cuando vamos más lejos nos dicen: ‘ustedes son mujeres emblemáticas, lo que hacen es importante’ y por eso seguimos”.

Junto con las muñecas, Genoveva y sus compañeras también fabrican tortilleros, morrales, caminos de mesas, vestidos tradicionales. Empezaron diez personas, ahora son más de cincuenta, y sus pequeñas trenzudas se venden en todo el mundo. Su precio va desde los 350 pesos hasta los 5000, según el detalle de su bordado, la calidad de los productos y el esmero que se le deba poner.

Fuente: http://www.mexico.mx/es/articles/genoveva-perez-pascual-munecas-trabajo-y-prosperidad

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