‘Jalisco Nueva Generación’ detrás de agresión en La Huacana

México. – Al menos tres personas estrechamente vinculadas con Miguel Ángel Gallegos Godoy, El Migueladas, principal operador del cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en La Huacana, Michoacán, lideraron la vejación y retención de 14 elementos del Ejército en esa localidad el pasado 26 de mayo.

El ataque fue una forma de presión para recuperar las armas, incluido el fusil Barrett, que una patrulla militar les aseguró ese mismo día tras dos enfrentamientos. Se trata de Gaudencio Lozano Barriga, El Gaudi, identificado en los videos de esos hechos como el hombre que exige por teléfono al comandante de la XXI Zona Militar, Gerardo Mérida, le devuelva las armas en un vehículo particular “a nombre del pueblo”, así como Bulmaro Arzate Fierro, El Guma o El Bulma, y Maricruz Ramírez, La Mary.

De acuerdo con reportes de inteligencia militar en poder de MILENIO, Lozano es lugarteniente de El Migueladas y Arzate, pistolero del primer círculo de ese capo, en tanto La Mary y su hija “Deisy” mantienen cercanía con Francisco Tavares, hombre de confianza de Gallegos Godoy. El Gaudi y El Guma huyeron horas después de los hechos del 26 de mayo de la región de La Huacana, confirmaron altos mandos del Ejército.

Los ocho militares que aún no habían rendido su declaración fueron citados ayer a la Fiscalía General de la República (FGR), la cual tiene en sus manos la averiguación de los hechos. El domingo 26 de mayo, mientras 14 militares permanecían privados de la libertad, el general Mérida arribó a La Huacana para verificar la situación, pero cerca de 50 personas, algunas armadas con garrotes, cruzaron un camión en la entrada a la comunidad y exigieron al comandante bajar de su vehículo.

Al no conseguir su propósito, al menos dos hombres comenzaron a golpear la camioneta, aun cuando alguno de sus compañeros les pedía no agredir a los elementos del Ejército. Como consta en videos grabados por los soldados y de los cuales MILENIO tiene copia, el general y sus hombres deciden replegarse en sus vehículos para evitar una confrontación, aunque, en esa maniobra, otro uniformado fue retenido.

Fuera del alcance de la turba, los militares dan parte de la situación y en ese punto el general recibió la llamada de uno de los elementos retenidos en La Huacana y quien lo pone en comunicación con el sujeto ahora identificado como Gaudencio Lozano.

—Hey, jefe, quiero todas las armas, quiero que las mande en un carro particular a La Huacana, por favor; somos el pueblo, no somos gente armada— grita El Gaudi.

—¿A nombre de quién se las mando?— cuestiona Mérida.

—A nombre del pueblo, tú mándalas a nombre del pueblo.

Tras la negociación, Lozano envió a tres hombres a la entrada de la localidad a recibir las armas, mientras él, a prudente distancia, observaba semioculto entre la muchedumbre. Según los informes militares de ese día, uno de los elementos ya liberados se acercó al comandante para señalar al Gaudi como la persona con quien había conversado por teléfono. Lozano respondió a la petición, pero mientras se alejaba alcanzó a murmurar “este número ya está quemado, no sirve ya”. Nadie contesta hoy a esa marcación.

En el preludio de los hechos, una compañía de entre 27 y 29 soldados salió el 26 de mayo de su base en La Huacana para verificar una denuncia sobre la presencia de hombres armados en el trayecto hacia Churumuco y, a 38 kilómetros de distancia, se topó con dos camionetas con delincuentes a los que enfrentó, con un saldo de dos civiles muertos, así como dos AK-47 y una R-15 aseguradas.

Pasaban apenas de las 8 de la mañana y en carretera no tenían señal para dar parte y solicitar la presencia del MP, por lo que 14 elementos (un capitán, un teniente y doce de tropa) se trasladaron a la Huacana. En su regreso al lugar del primer enfrentamiento alrededor del mediodía, los militares se encontraron con otro vehículo sospechoso, cuyos ocupantes dispararon en su contra y huyeron hacia un rancho, donde, en medio de la refriega, abandonaron la camioneta, con todo y la Barrett.

Con un rozón de bala en el brazo, un hombre gritaba pidiendo ayuda para su hijo herido en las nalgas por el mismo proyectil, por lo que el grupo de soldados trasladó al menor al Hospital General de La Huacana. De acuerdo con reportes de la Sedena, el soldado que aparece en un video afirmando que el impacto al niño fue “un descuido” no participó en ninguno de los dos enfrentamientos de aquel domingo.

Con información de Milenio.

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