Foto: El Universal

Pobladores de Chilacachapa saben qué pasó con normalistas

Chilacachapa, Guerrero.- A las 5:00 horas del 27 de septiembre de 2014, siete horas después de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, en el retén que el cártel Guerreros Unidos impuso en Chilacachapa, un grito iracundo se escuchó en la señal abierta de la radio de comunicación de uno de los criminales.

—¡Traigan bolsas negras hijos de la chingada! ¡Pero rápido! —dijo la voz.

—¿Cuántas? —otra le preguntó.

—¡Unas 50! —ordenó la primera. 

De acuerdo con una investigación hecha por El Universal, el hecho lo narran pobladores aterrorizados del pueblo serrano de Chilacachapa, municipio de Cuetzala del Progreso, situado a 37 kilómetros de distancia de Iguala y a 15 kilómetros del basurero de Cocula, donde presuntamente el cártel ejecutó e incineró a los normalistas. 

La entrevista se otorgó con carácter colectivo y anónimo a El Universal, el primer medio que ingresa a la comunidad campesina de 2 mil habitantes sometida por la delincuencia organizada desde hace dos años. En ese lapso ésta registra nueve desapariciones forzadas y más de 200 casos de desplazamiento forzado.

Los entrevistados dicen que la noche del 26 de septiembre la mafia voceó que la Policía de Iguala era atacada y con apoyo de incondicionales locales se llevó a la fuerza a pobladores a los que esa noche obligaba a hacer guardia en su barricada. 

Un entrevistado manifestó que dichos pobladores conocen el paradero de los estudiantes: “Mis paisanos de aquí saben dónde están, pero si abres el pico… ese es el temor”.

El 6 de octubre fuerzas federales tomaron el control de Iguala al acusarse a la policía municipal, en contubernio con Guerreros Unidos, de ser los ejecutores de la desaparición de los 43 normalistas. 

En consecuencia el cártel desmanteló el retén de acceso a Chilacachapa en el que por un año forzaron a los habitantes a vigilar en turnos de 12 horas, so pena de sufrir golpizas o desplazamiento forzado. 

Desde esa fecha algunos criminales se replegaron. “Se concentraron en Tianquizolco, a seis kilómetros, y en Apetlanca”, especifica un habitante. Sin embargo, asegura que otros se esconden en Chilacachapa y controlan el ingreso a la población desde una barricada instalada a cinco kilómetros de distancia. Advierte: “Ellos están aquí, no se han ido”. 

 

La noche del 26 de septiembre

El Universal ingresó de manera encubierta a Chilacachapa —una de las guaridas de Guerreros Unidos— para reunirse clandestinamente con una docena de habitantes del pueblo, y algunos de Tianquizolco. La visita duró cuatro horas.

El encuentro se realizó en un inmueble en el que los convocantes, con rostros de angustia y temor, se aseguraron de que puertas y ventanas estuvieran cerradas para no ser escuchados desde el exterior.

Narraron que entre las 23:00 pm del 26 de septiembre y la 1:00 am del 27 de septiembre, el cártel voceó en Chilacachapa, Tianquizolco y Apetlanca para que la gente saliera en apoyo de los policías de Iguala atacados por Los Rojos, un cártel rival, y por estudiantes que “iban a hacer una revolución”.

Un jornalero señala: “Estamos molestos porque sabemos quiénes bajaron: los comisarios [de los pueblos] se llevaron a gente [en camionetas]; mucha gente que estuvo en los retenes se les escapó de las camionetas”.

Otro hombre asegura que el comisario Jesús Valle Rosas, de Chilacachapa, con 25 lugareños obligados o incondicionales, acompañaron a los criminales la noche de la desaparición de los normalistas. 

Se pregunta: “Hoy las autoridades federales no los han citado siquiera para ver por qué se fueron y para qué se llevaron a los que estaban de guardia”. 

Los entrevistados dicen que el grupo regresó a las 7:00 am por un camión de volteo rojo que llenaron con más gente y bajaron de nuevo de la sierra hacia Iguala. 

El vecino de Tianquizolco, por su lado, refiere que esa mañana vio ese camión estacionado en un crucero de su pueblo, resguardado por Guerreros Unidos. 

En el crucero había más de 100 personas: “Había mucha gente de Cuetzala, entre ellos el regidor de Apetlanca, de Tianquizolco, y de aquí para allá iba el carro de volteo rojo con gente de Chilacachapa”. 

Agrega que como a las 9:30 am “el volteo salió a Iguala repleto de gente” en una caravana en la que iban camionetas de los Guerreros Unidos y “el comisario de Chilacachapa”.

Un conocido suyo le contó después: “Amigo, no supimos a qué fuimos, nos dijeron que había que ir a Iguala a una manifestación”. Dicho mitin nunca se realizó, por lo que a las 11:00 am cada quien regresó como pudo a sus pueblos. A su infierno. 

 

Lea aquí la investigación completa http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2014/los-obligaron-a-participar-en-desaparicion-de-los-43-1062214.html

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