Harare, ZIMBABUE.- Robert Mugabe renunció hoy como presidente luego de 37 años en el poder y de resistirse durante una semana a la presión militar y las protestas en las calles.
A su 93 años, Mugabe, que había anunciado su intención de participar en las elecciones del próximo año para cumplir su octavo mandato presidencial, presentó la dimisión en una carta que leyó el presidente del Parlamento, Jacob Mudenda, en una sesión extraordinaria.
«Yo, Robert Mugabe entrego formalmente mi dimisión como presidente de la República de Zimbabue con efecto inmediato».
El anuncio fue festejado en las calles de la capital con bocinazos y gritos de alegría. En tanto, un funcionario del gobierno dijo que el destituido vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, asumirá como presidente en 48 horas.
Tras casi cuatro décadas en el poder, desde 1980, las horas de Mugabe como presidente comenzaron a estar contadas el martes pasado cuando los tanques del Ejército marcharon en dirección a Harare y tomaron el control del país, además de poner bajo arresto domiciliario a Mugabe y su familia.
El detonante de la crisis fue la destitución hace dos semanas del ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa -un incondicional del partido y veterano de guerra a quien se había opuesto la esposa de Mugabe, Grace, con la vista puesta en la vicepresidencia-.
Una semana después de su salida del Gobierno, las Fuerzas Armadas anunciaron que tomarían «medidas
correctivas» si continuaban las «purgas» en el partido.
Con el tiempo, la imagen de Mugabe pasó de héroe de la independencia a ser acusado de fraude electoral y de reprimir a los opositores para mantenerse en el poder.
En los comicios de 2008, al menos 200 seguidores del opositor Movimiento por el Cambio Democrático (MDC) fueron asesinados y miles de personas torturadas en una ola de violencia que sumió al país en una profunda crisis. Entonces Mugabe subrayó que «solo Dios» podía apartarle del poder.
Durante su mandato, tomó decisiones muy polémicas, como las expropiaciones de miles de granjas a propietarios blancos en una reforma agraria caótica, a fin de distribuir la tierra entre la población negra del país.
Hombre de dura retórica, ha señalado a sus críticos de «traidores» y ha insultado a potencias occidentales como Estados Unidos o el Reino Unido acusándolos de fabricar «diabólicas mentiras» sobre él y a cuyas sanciones atribuye el pésimo estado de la economía.
Consciente de la necesidad de cambio, inició en los últimos años una campaña para transformar su imagen. En varias entrevistas, se mostró afable, habló con cariño de sus cuatro hijos, admitió el amor que siente por su esposa, Grace (40 años más joven), y recordó a su primera mujer, Sally, que murió en 1992.
Los rumores sobre su salud fueron constantes y se vieron alimentados por sus últimas apariciones en público, en las que siempre aparecía agarrado del brazo de su esposa.
Sin embargo, no fue su salud la que le apartó del poder, sino las rivalidades en su propio partido, causa de la intervención de los militares en el país para impedir que su mujer, Grace, «heredase» su mandato.
Con información y foto de EFE




