Foto: Facebook / Tonga Geological Services, Government of Tonga

Tonga: islas enfrentan inmensa falta de agua potable

MUNDO.- Las islas Tonga viven una gravísima falta de agua potable, casi una semana después de la erupción del volcán en el archipiélago, una catástrofe que un responsable de los servicios de rescate comparó este viernes con la explosión de «una bomba atómica».

En Tongatapu, la isla principal, «sentimos una gran… fue como una bomba atómica. Toda la isla tembló debido al ruido (causado) por la erupción», dijo a la AFP por teléfono Sione Taumoefolau, secretario general de la Cruz Roja de Tonga.

La erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai el 15 de enero, que desencadenó un tsunami, dejó a la pequeña nación del Pacífico aislada del resto del mundo tras la ruptura del cable de comunicaciones que unía el archipiélago a Internet.

La situación continúa siendo difícil por la falta de ayuda humanitaria y la titánica operación de limpieza de cenizas que deben hacer ahora los habitantes.

«Lo peor para nosotros son las cenizas. Todo está cubierto por las cenizas del volcán», subrayó Taumoefolau.

Jonathan Veitch, que coordina las operaciones de Naciones Unidas desde las islas Fiyi, consideró que el principal problema es el agua potable, pues las reservas que abastecen a decenas de miles de personas podrían estar contaminadas por las cenizas o el agua salada del tsunami.

«Antes de la erupción, la mayoría dependía del agua de lluvia», dijo Veitch a la AFP.

«Si la ceniza ha hecho que todo sea tóxico, eso es un problema, a menos que puedan acceder a fuentes subterráneas», afirmó, y añadió que ahora era «vital poder determinar su ubicación».

Ya se comenzó a analizar el agua, pero tras la erupción del pasado sábado «todo el país está cubierto de ceniza», informó Veitch.

Las operaciones de rescate comenzaron realmente el jueves después de que la principal pista de aterrizaje del archipiélago fuera finalmente despejada de la gruesa capa de ceniza que la cubría.

Los aviones militares australianos y neozelandeses que llevaban ayuda de emergencia pudieron aterrizar.

Pero la distancia, las dificultades de comunicación y las medidas para evitar que el covid-19 afecte a este reino de las 170 islas complican las operaciones.

«No es fácil. Está lejos de todo. Por lo tanto, hay limitaciones de acceso. Y luego (está) el problema del covid, obviamente, así como la falta de medios de comunicación. Yo diría que es casi un triple golpe», reconoció Veitch, quien agregó que la ONU «está preocupada» por la propagación en varias islas del Pacífico de la contagiosa variante ómicron.

La erupción y el tsunami dejaron tres personas muertas, pero aún no se ha determinado el alcance económico de los daños materiales. «Hay mucha destrucción», según Veitch.

Muchas personas que viven en islas remotas y cuyas viviendas fueron destruidas fueron evacuadas a la gran isla de Nomuka.   

Un barco neozelandés que atracó en Tonga el viernes llevó importantes reservas de agua potable.

«También tiene capacidad para desalizanizar de 70.000 a 75.000 litros de agua por día, lo que hará una diferencia para la población, al menos en Tongatapu», declaró Veitch.

Unicef envió un gran número de kits de agua y saneamiento a bordo de un buque humanitario australiano.

«Estamos enviando también muchos equipos para tratar el agua», afirmó Veitch.

La erupción volcánica se escuchó hasta en Alaska, a más de 9.000 km. Una gran humareda en forma de hongo, de 30 km de altura, esparció cenizas, gases y lluvia ácida sobre las 170 islas de Tonga.

La erupción provocó una enorme onda de presión que recorrió el planeta y se desplazó a una velocidad de 1.231 km/h, según el Instituto Nacional de Investigación del Agua y la Atmósfera de Nueva Zelanda.

ERUPCIÓN DE VOLCÁN DE TONGA, LA MÁS RUIDOSA DESDE EL MÍTICO KRAKATOA

La violenta erupción del volcán de Tonga, que provocó el sábado un tsunami en el océano Pacífico, es la más ruidosa desde la explosión del mítico volcán indonesio Krakatoa, en 1883 y que afectó a la temperatura del planeta, según expertos vulcanólogos neozelandeses.

El estallido del Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, un volcán submarino asentado en aguas de Tonga, provocó ondas atmosféricas que fueron registradas alrededor de la Tierra y que aún «continúan dando la vuelta al mundo», apunta en un comunicado el instituto geológico GNS Science.

«Se pudo escuchar desde Nueva Zelanda, con dirección sur, hasta Alaska, con dirección norte», apunta el experto Steve Sherburn, al subrayar que la columna de humo y ceniza llegó hasta los 30 kilómetros de altura según datos preliminares.

Sherburn explica que esto es debido a las ondas de «baja frecuencia» provocada por la erupción y que pueden viajar a «miles de kilómetros de distancia desde la fuente» la explosión del volcán tongano sería catalogada como la «más escuchada» del mundo.

El estallido del Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, que hizo prácticamente desaparecer las dos islas que lo flanqueaban, generó un tsunami que impactó en varias naciones bañadas por el océano Pacífico, con olas de hasta 15 metros en Tonga, tan distantes como Estados Unidos, Chile, Japón y Australia, entre otras.

Un fenómeno natural provocado por un volcán de tal fuerza que no se registraba desde la erupción del volcán Krakatoa, entre las islas indonesia de Sumatra y Java, cuya explosión en 1883 causó un tsunami con olas de hasta 40 metros e hizo que la temperatura mundial bajara 1,2 grados.

Estudios científicos señalan previamente que la erupción del Krakatoa generó el sonido más fuerte jamás registrado y una columna de ceniza que alcanzó los 80 kilómetros de altura.

Seis días después del desastre, Tonga comienza a salir del aislamiento en el que lo sumió la erupción, que rompió los cables de comunicación con la nación insular, y comienzan a llegar los primeros envíos de ayuda humanitaria.

La Cruz Roja estima que unas 80.000 personas, del total de los 105.00 habitantes del país, han sido afectados por estas catástrofe, donde la distribución de agua es una prioridad ante la contaminación de los acuíferos.

Está previsto que este viernes llegue a Tonga un barco de la Marina neozelandesa cargado con 250.000 litros de agua potable y una planta de desalinización con capacidad de producir 70.000 litros.

Con información de AFP y EFE 

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