Hablan las víctimas de acoso sexual en CDMX

Ciudad de México.- La Ciudad de México es una de las entidades del país en donde la violencia sexual hacia las mujeres está más presente. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 72 por ciento de las mujeres en esta ciudad ha sido víctimas de algún tipo de violencia sexual.

El acoso sexual es una de las formas de violencia que más se manifiesta día con día. Sin embargo, por falta de confianza en las autoridades, miedo a ser culpabilizadas o falta de información, la mayoría de las víctimas deciden no denunciar estos actos que pueden presentarse en la vía o el transporte público, en ambientes escolares y laborales, y pueden venir de desconocidos, amigos o incluso familiares. Aquí recopilamos algunos testimonios de acoso sexual a mujeres en la Ciudad de México.

Marbrisa, 26 años

En la universidad, un tipo que estaba en la misma carrera que yo, pero un año arriba, tenía una fijación conmigo. Me enteré de que publicaba estatus en su Facebook sobre mí (yo apenas sabía su nombre, no nos saludábamos, no éramos amigos, ni siquiera en Facebook). Leí algunos de sus posts y me pareció muy molesto e invasivo, porque se notaba que estaba todo el tiempo siguiendo mis movimientos. Escribía sobre cómo me veía cierto día sentada en la fuente comiéndome una pera y ese tipo de detalles perturbadores. Luego, consiguió mi correo electrónico y me envió una carta pretendidamente poética y ridícula que era parte confesión de amor, despedida y amenaza. En ella detallaba mis coqueteos —los cuales supongo que se imaginó— y observaciones sobre mi cuerpo:

«Te digo la verdad, pero miento, porque sé perfectamente a qué distancia de tu clavícula izquierda hay un pequeño lunar que combina con tu cabellera. Miento porque sí he pensado lo frágil y débil que eres en comparación conmigo; lo fácil que sería forzarte; lo mucho [que me] gustaría escuchar los gritos de mi testosterona, y arrancarte la ropa, tirar de tu melena y probar los labios de Dánae, tus labios, hasta sangrarlos«.

«¿Te parezco demasiado confiado de mi posible éxito contigo? A otros, quizá, pero yo sé que te sentías sola. De igual manera, sé cuán bueno soy en las enseñanzas de Venus, cuán diestro soy al enamorar. Sé que mi apariencia no te era desagradable o jamás me habrías mirado como en ocasiones lo hiciste. Por último, sé que yo jamás me habría rendido».

Acoso de manual. Cuando leí su «carta de desamor» sentí náuseas, me enojé y después lo dejé pasar. Debí haberlo reportado al Consejo Universitario».

María del Carmen, 27 años

Iba en mi bicicleta por avenida Chapultepec cuando un conductor de camión me gritó: «¡Mamacita, te quiero comer!» Decidí regresarme y confrontarlo. Le dije que no me faltara al respeto, a lo que sólo respondió que él no había sido y culpó a su amigo, otro conductor. Su amigo también lo negó diciendo que él no había sido. Después me subí a la bicicleta y me fui».

Andrea, 30 años

Una compañera de trabajo me contó que hace unas semanas en la calle un señor le enseñó el pene. La técnica que había utilizado este desagradable personaje fue hacer como que tenía el cierre de la chamarra atorado para llamar su atención. Cuando ella fijó la mirada en el hombre, el tipo sin más se bajó el cierre y le enseñó todo.

Cuando me contó imaginé qué hubiera hecho yo en un caso así. Por mi cabeza pasaron miles de ideas, como gritarle, hacer un escándalo o confrontarlo.

Hace dos días iba caminando por la calle como a las 5:30 horas cuando vi a un señor gordo y feo fajándose la playera como desesperado. Esto llamó mi atención inmediatamente y un poco antes de cruzarnos de frente, cuando mis ojos estaban tratando de entender qué hacía, metió ambas manos al pantalón y se sacó el pene. Mi reacción fue voltear inmediatamente la cabeza, ver hacia el frente y caminar como si nada hubiera pasado.

Lo que más me enojó fue la impotencia de no haber hecho nada. Luego me dio angustia pensar que la violencia hacia la mujer está peor que nunca, aunque también creo que esto siempre ha ocurrido. Quizá lo que realmente está pasando es que hay un cambio de consciencia y las mujeres estamos dispuestas a hablar y a entender mejor cómo nos sentimos cuando esto pasa. Esta experiencia no es la primera que me sucede, pero sí la más reciente.

Daniela, 23 años

Una vez, en prepa, uno de mis compañeros de clase me pidió que lo acompañara a buscar al profesor de química. Le dije que sí y fuimos juntos al penúltimo piso de uno de los edificios de la escuela, donde había salones muy reducidos que eran especiales para las asesorías. Tocamos las puertas de algunos salones pero no aparecía por ningún lado. Hasta que, según él, un prefecto le dijo que faltaba muy poco para que empezara una asesoría de ese maestro en un salón del último piso.

Subimos directo a ese salón, entramos, vimos que no había nadie y decidimos esperar. Como los asientos de las sillas estaban volteadas y en desorden, este chico se sentó en el piso, al fondo del salón, y me invitó a sentarme a su lado. Lo hice y empezamos a platicar. Uno o dos minutos después, me abrazó y trató de besarme. Le dije que no y traté de ser amable, pero siguió insistiendo. Cada que trataba de pararme, él me sujetaba. Poco después, el mismo prefecto que nos encontramos abrió la puerta y nos vio. En ese momento sentí un gran alivio porque creí que nos iban a correr de ahí pero no sucedió. Sólo dijo «Oh, lo siento», cerró la puerta y se fue. Después, el tipo abrió el cierre de su pantalón, sacó su pene y trató de bajar mi cabeza. En ese momento sonó el timbre que anunciaba el fin del receso. Supongo que eso lo distrajo porque al fin pude soltarme, abrí la puerta, bajé corriendo las escaleras y llegué a la cafetería, donde mis amigas me estaban buscando».

Pamela, 27 años

Caminaba por la calle cuando se me acercó un coche con tres tipos para pedirme indicaciones. Les expliqué la dirección que buscaban, pero me pidieron que la repitiera porque no habían escuchado. Volví a explicarles y, de nuevo, me pidieron que se las repitiera porque no habían entendido. Me acerqué al auto y entonces lo vi: el copiloto tenía el pene fuera y se estaba masturbando mientras el chofer se burlaba. Me saqué de onda y empecé a caminar rápido, pero en ese momento un tercer tipo, que venía en el asiento trasero, se bajó del coche y empezó a seguirme. Corrí hasta hasta que pude entrar a una tienda y el sujeto se alejó».

FUENTE: Excélsior

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